lunes, 12 de junio de 2023

Perambulans in noctem. 2 piezas en prosa de Yves Bonnefoy. Traduccion Pablo Queralt.

 


 

EN EL ATELIER DE UN PINTOR

 

 

Estoy en el atelier de un pintor en el momento más expectante de la noche. Tan avanzada la noche ¿que puedo hacer mejor que arriesgarme aun más, caminar después de ir deslizándome con los reflejos de la luna como sobre una piedra pulida hasta este amigo pintor que trabajó todo el día?

 

Tanteando encontré la segunda puerta, la empujé de par en par, entré. Allí la oscuridad es casi total, yo no distingo más que vagamente una pared muy áspera a mi derecha, al alcance de mi mano, parece elevarse infinitamente a lo alto hacia un posible cielo de uno de aquellos mundos de aquí como hay tantos sin estrellas. Toco esa pared, me recuesto contra ella, me ayuda a avanzar: con precaución, como se debe, entonces, debido a que yo sé que el atelier esta  abarrotado de mesas, caballetes, cuadros, potes de pintura dejados abiertos en el piso. Y también aquí y allá los montones informes de lino húmedo.

 

Pero que eso que me choca? Está vivo, siento bajo mi mano un lomo de lana suficientemente alto. Y tuve que asustarla a esta oveja porque hizo un salto al costado mío con un balido que en esta oscuridad provocó alarma: por todos lados y hasta muy lejos percibo un retumbar en el cuál yo sentí ser atropellado, esta vez con bramidos, rebuznando, un grito que se destacaba a veces muy agudo, del simple y triste rumor de todas esas vidas invisibles. Mi amigo, el pintor, serías un retratista? Si pudiera encontrar un interruptor y alumbrar, ir y ver estas cabezas paradas delante de mí, no, estos hocicos, grandes orejas erguidas, ojos innumerables que me miran firmemente con ese miedo incesante y ese asombro de no entender que son una parte de la vida?

 

Sí, pero donde está ella, esta luz? Yo siento que estoy sobre la arena, donde se abate el agua tibia de las olas que se rompen, todas cerca de mí : las escucho, respiro el olor …extiendo la mano, sobre el muro. Es esto una mesa, con lápices, y hojas? No, no. 

 

 

 

Pintor, tenías ayer gestos tan precavidos para no dejar que el mundo envejezca! Mirando directamente al color, cortando el azul, el verde, con grandes tijeras que lleva la vida, la muerte, el deseo, la infancia. Haciendo que se eleven toda clase de días entre las hojas, y que en cada vez eso fuera inesperado, tranquilizador, hermoso. Ah pintor, amigo mío, por suerte existes! La prueba, este abrigo quizá negro, manto de tinta, silencioso, infinitamente duro, cemento tal vez, que toco sin ver nada en este perchero cerca del cual  me quedé, en la puerta todavía.    

 

 

 

 

 

Y aquí lo que ha pasado a mi lado, son dos hombres. Uno le dice al otro:  “the air bites shrewdly, it is very cold”. En cuanto se abre la puerta de par en par, los dos salen riendo, y eso es por un instante un rayo de luna, estrecho pero lo suficiente brillante como para  ver, allá abajo, en el centro del estudio en tu búsqueda sin fin. Donde estamos? En las murallas. Estas cerca de uno de los grandes creneles, también sentado contra la piedra, tus ojos vuelven a ese cielo decididamente sin estrellas. Y delante de ti, tienes en tus manos hojas cuya sangre fluye, se distingue una cara aun, la de un Dios, con un gran sufrimiento que respetas. Pero que hacías tu?

 

 

No hubiera sabido, desde este umbral donde estaba, pero resulta que estoy también muy cerca de ti, mi amigo, y veo que eres inmenso, una especie de jardinero, y que te comprometes a hacer correr el agua -es verde azul y amarillo ocre y negro también, y rojo, un rojo del cielo del atardecer- en los pliegues movedizos de un campo del comienzo del mundo. Agua que ha llegado desde infinitamente lejos para rejuvenecer este suelo que ha sido arado. Ya crecen las plantas que ni tú ni yo hubiéramos imaginado ayer. Y la oveja que me había golpeado, aquí está. Su cabeza busca mi mano y ella tiembla, por supuesto esta preguntando, como cualquier petición en esta tierra.

 

 

 

Detrás de este atelier hay un gran jardín, o parque, con árboles de otro sector y sus viejos caminos que no terminan en ninguna parte. En un punto llegué a una especie de kiosco.   Se entra allí, en tres pasos, es pequeño, hasta una habitación con una mesa donde una vez se abandonó un rollo de cuerda.  El rollo esta deshecho, un extremo de la cuerda cuelga hasta el suelo, casi lo toca.

 

 


 

LA TAREA DEL TRADUCTOR

 

 

 

Traducir? El joven traductor se zambulle. Esas son las palabras apropiadas para decir que él permanece joven y que esa pagina bajo su mirada representa un océano de agua cerrada. Los soles cubren con muchas chispas diminutas, casi alegres, la ligeramente encrespada superficie, pero él sabe, que allí debajo esta el abismo: al comienzo un verde, un verde azulado, no puede ser más oscuro, llegando pronto al negro.

 

 

Se zambulló. Y alrededor de él de repente aparece una tenue claridad vaga en diversos lugares desde los cuales percibe lo que parecen vidas. Que es lo que esta delante de él?

Él esta nadando en esa dirección, él observa: eso es esférico, se agita como una vibración, una luz pálida esta dentro, es una bombilla vieja que delimita desde arriba una mesa cargada de libros?  De hecho es un estudiante que esta sentado allí, con la frente en sus cuadernos, los brazos alrededor de la cabeza. Parece dormido. Bien cerradas las ventanas de su habitación, pero el agua del exterior golpea furiosamente contra sus cristales. Que silencio!

 

Se desplaza, con un movimiento suave de los brazos alejándose de esta medusa.

 

 

 Y este otro, un poco menos brillante? Pero es el mismo joven!  Grita, lucha, intenta liberarse de dos secuaces siniestros que lo maltrataran, que lo llevan, esta claro, donde?   Rosencrantz y Guildestern obviamente.

 

 

Así, a distintas distancias, estas existencias, estos fuegos. Debería aceptarlas como cosas vivas, estas medusas, diría yo, pulpos, inmóviles, una de sus miradas filtrándose bajo alguno de sus parpados, donde puedo reconocer bellas nubes detenidas en el cielo de allí abajo con colores increíbles ni de las mañanas ni de las noches? Quizás no son más que palabras, de lo que se piensa? Nada más que grupos de imágenes privadas de sentido, pero que ni la memoria ni la voluntad disipan? Nudos de humo que hacen espirales en el agua ahora que es mucho más azul que verde, bóvedas que el nadador no ve por encima de él cuando, sigilosamente desciende, busca.

 

Mi hijo donde estas? No te escondas!

 

 

 

Difícil en efecto la traducción. No se sabe si tenemos derecho a imaginar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y todavía hundido, se hunde aún más lejos, más abajo, aun más abajo el traductor.  Más raras y menos luminosas se hacen estas vidas del abismo, que él no sabe si están dotadas o no de conciencia. Polonio pasa corriendo sin aliento, jadeando, es demasiado para este hombre gordo, se caerá, donde tendrá derecho a creer en una playa de arena negra frente a una aurora ahogada en las brumas.   

 

 

Desciende si, por sacudidas. Con todos sus ojos cuestiona a la inmensidad de la noche. Qué hacer con esta palabra por ejemplo en esta oración? Tiene un ritmo, lo creí del inglés, y puede ser,  pero esa palabra, no, no es inglés, no es de ningún idioma conocido, de ninguno de este mundo. En este verso de Shakespeare esta el silencio, para brillar vagamente como lo hacen las piedras.

 

 

 

Desciende. Se necesitan años para no dejar de ver uno de esos seres, si esa es la palabra para decirlo.

 

El traductor entiende que nunca alcanzará el suelo que ha soñado. Confiesa que nunca finalmente, encuentra bajo su pie algo de arena clara, no se recuperará, sus ojos llenos de luz. Hubiera sido hermoso, y reconfortante, beneficioso, tocar con sus manos el gran naufragio! Ella está rota allí. Nada queda en pie de los enormes mástiles. Cofres de libros abiertos, las hojas permanecen todavía colgando alrededor, no, ni siquiera.  Una frase pintada en la proa sería sin embargo visible. La haríamos emerger de la noche, mediante la antorcha eléctrica que se ha conservado para este gran momento, se podría soñar con traducirlo a algún otro idioma hablado en otra parte, o en ninguna parte, que esta en lo más profundo de cada uno de nosotros.    

 

 

 

 

 

 

 

 

martes, 6 de junio de 2023

4 poemas de Yves Bonnefoy de su libro Ensemble encore, ultimo libro antes de su muerte. Traduccion Pablo Queralt.


 


                           LA SALA, EL JARDÍN

 

 

                                               I

 

 

Esta pieza cerrada.

Desde antes del tiempo. Los muebles, el sueño.

Se hablan en voz baja. La luz

tiende una mano a través de los cristales.

De un azul extinto, el vaso

sobre la mesa despierta.

 

Pintor, tu eres el único que teniendo recuerdos,

puede entrar hoy aquí.

Tu sabes quien ha ordenado en lo eterno,

el desorden de los trapos, recubriéndolos

de telas donde se desvanecen las imágenes.

 

Entra,

alienta el silencio que tu eres,

entra con este rojo vinoso, este ocre amarillo

este azul de otros años,

haz que ellos tomen de la mano la luz

que los guían! Ellos le muestran algunas flores

con oro de hojas secas.

Tiene en su dedo como su memoria este anillo.

 

Tu vas a permanecer allí, hasta esta noche.

Es más, pinta, que devuelva vida,

es dar existencia, así impalpable,

casi invisible, esta mano que en la oscuridad

toma la tuya.


 

 

 

                                                       II

 

 

 

 

Y habiendo vivido, allá

cuando tu vuelves a salir, que sea tu trabajo

mirar el cielo por encima de los árboles,

desde las hojas, verde oscuro. Desde este banco

en donde el color se mezcla,

y el azul oscuro acerca un poco de rosa.

 

 

Se trata de la vida y de la muerte.

Y de uno que venía, graciosamente,

a cierta hora de la noche para leer,

una hora, en este cómodo sillón, antes

que cese el derecho a no inquietarse

por el paso del tiempo.

 

 

Una hora, casi una hora. Es como si

cualquier cosa pueda ser un guante,

estaba caído de rodillas. Y sin

soñarlo para verlo, como si con una

mano, ella había buscado distraídamente,

en el fresco de la hierba.

 

 

Lo más cercano

lo más próximo. Lo más retirado 

en el pasado encantado el instante presente.

Esto se sabe en el color, donde nada cesa.

 

 

 

 

 

 

 

                                   III

 

 

 

 

 

Esa noche, la luz

anidó en el sueño y esa mañana

eso fue un mundo, y hacia la noche

lo mismo ese vestido atenuado con un poco de rosa,

esa mirada que le pide a un jardín

que todavía demore un poco al tiempo.

 

 

Pintura, sillón vacío, libro que quedó abierto.

Bajo las primeras gotas, amplias, calidas,

el color se ilumina. Ella recoge

es un guante, alguna cosa sobre la hierba crecida.

 

 

La hierba de tu jardín, pintor, mi amigo.

Ella también crece? Su verde inmenso

recubre el mundo del que tu huyes?

Si, pero, mira un animal ha dormido aquí,

la hierba esta aplastada, ha dejado un hueco

es como un signo, el signo es más

que lo que se fue, que la vida

que pasa, que la canción en la ruta

la tardanza de la noche.

 

 

Detectado el pincel en la sombra

de esta hierba da a conocer con nosotros

el ser simple de un signo:

este sueño, no, este oro,

haciendo de aquello que fue lo que quedó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                    UN CAFE

 

 

 

Ese hombre y esa mujer,

su largo silencio inquieta la luz,

el viento sobre sus manos, que están inmóviles.

Pintor, anima sus dedos

con un poco de color claro. Que sea

ya como un resto de día en la noche que cae.

 

 

Y uno, luego,  

se moverá y temblará. La mesa

es el ángulo, justo debajo de las ventanas

por las cuales son visibles los altos

del cielo de la noche.

 

 

Esos cristales? No un prisma. Y su rayo

que busca en la penumbra

de la habitación.

Aquí nada más que el mundo. Allá, afuera el exterior,

la esperanza que vuelve

fatigada por su larga jornada,

por cualquier lugar de la ciudad.

 

 

Ah, mis amigos

pasen, todo es un río. Como aprender

a vivir, es decir a morir? Un poco de tiempo

para eso cuando el café esta cerrado.

Tantos malentendidos! Pero sobre el lienzo

que parece inacabado, estos vasos vacíos

pero que brillan, un poco. Esto puede ser el anillo,

de dos vidas que se fusionan.

 

 

 

 

 

 


                                           LOS CUADROS

 

 

 

Pero si son ustedes, colores, eres tu luz

ustedes son cuando él abre los ojos

delante del día. Ustedes estaban de vigilia

cerca de él durante la noche toda la noche

 

y removían las manos en esa agua, el sueño

que eran las olas, que se escuchaban

los círculos de un secreto, que ustedes

sus próximos, presentían en él y estaban

haciendo suyos.

 

La tierra es solo lo excedente del sueño,

una vestimenta que se mueve en el cuerpo

de aquello que tiene bello perecer,

que nunca cesa.

 

Misteriosos estos pliegues. Eso que ellos tenían.

Es el sol de la noche detrás

de esos árboles  

es la almendra de lo invisible que se abría.

 

 

 

 

 

 

 

 

                                    DE OTROS CUADROS

 

 

 

Una última vez, la habitación, el jardín.

Un poco del día se desliza sobre la alcoba.

El color, ese coraje de sobrevivientes,

puede revivir lo que ya no es?

 

 

Por otra parte en esos cuadros que no existen  más,

un árbol crece entre dos cuerpos

que el pintor quería casi confundido.

Un árbol, no, varios, toda una tierra.

 

Y en ellos, esos colores: que nosotros enseñamos

que la vida no sabe nada de mundos peligrosos.

Que ella planeaba por arriba, que ella protegía

todo lo que nosotros amamos y que nos ama.

 

Azul, dice el rojo sombrío, ven cerca de mí.

Inhalemos para imitar la vida.

No, para que ella renazca de nuestras cenizas

y que la luz sea hija de nosotros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 25 de mayo de 2023

2 poemas Mathew Arnold. Traduccion Pablo Queralt.

 


Playa de Dover

 

El mar está en calma esta noche

La marea está llena, la luna yace hermosa

Sobre los estrechos, en la costa francesa la luz

Brilla y se va, se alzan los acantilados de Inglaterra

Resplandeciente y vasta, en la tranquila bahía.

Ven a la ventana, dulce es el aire de la noche!

Solo de la larga línea de spray

Donde el mar se encuentra con la tierra blanqueada por la luna

Escuchar! Escuchas el rugido chirriante

De guijarros que las olas arrastran y arrojan

A su regreso, arriba de la playa alta

Empezar y cesar, y luego empezar de nuevo

Con cadencia trémula lento y traer

La eterna nota de tristeza en él. 

 

 

Sófocles hace mucho tiempo

Lo escuché en el Egeo y trajo

En su mente el flujo y reflujo turbio

De la miseria humana, nosotros

Encuentra también en el sonido un pensamiento

Oyéndolo por este lejano mar del norte.

 

 

 

El mar de la fe

Estuvo una vez, en la plena y redonda orilla de la tierra

Yacía como los pliegues de un cinturón brillante enrollado.

Pero ahora solo escucho

Su rugido melancólico, largo que se retira

Retirándose al aliento

Del viento de la noche, por los vastos bordes lúgubres

Y tejas desnudas del mundo.

 

 

Ay amor seamos sinceros

El uno al otro! Para el mundo que parece

Yacer ante nosotros como una tierra de sueños

Tan variada tan hermosa tan nueva,

Realmente no tiene alegría, ni amor, ni luz,

Ni certeza, ni paz, ni ayuda para el dolor;

Y estamos aquí como en una llanura oscura

Barridos con alarmas confusas de lucha y huida

Donde los ejércitos ignorantes chocan por la  noche.

 

 

 

 

 

 

 

Dover Beach

BY MATTHEW ARNOLD

The sea is calm tonight.

The tide is full, the moon lies fair

Upon the straits; on the French coast the light

Gleams and is gone; the cliffs of England stand,

Glimmering and vast, out in the tranquil bay.

Come to the window, sweet is the night-air!

Only, from the long line of spray

Where the sea meets the moon-blanched land,

Listen! you hear the grating roar

Of pebbles which the waves draw back, and fling,

At their return, up the high strand,

Begin, and cease, and then again begin,

With tremulous cadence slow, and bring

The eternal note of sadness in.

 

Sophocles long ago

Heard it on the Ægean, and it brought

Into his mind the turbid ebb and flow

Of human misery; we

Find also in the sound a thought,

 

Hearing it by this distant northern sea.

 

The Sea of Faith

Was once, too, at the full, and round earth’s shore

Lay like the folds of a bright girdle furled.

But now I only hear

Its melancholy, long, withdrawing roar,

Retreating, to the breath

Of the night-wind, down the vast edges drear

And naked shingles of the world.

 

Ah, love, let us be true

To one another! for the world, which seems

To lie before us like a land of dreams,

So various, so beautiful, so new,

Hath really neither joy, nor love, nor light,

Nor certitude, nor peace, nor help for pain;

And we are here as on a darkling plain

Swept with confused alarms of struggle and flight,

Where ignorant armies clash by night.

 

 

El Triton abandonado

 

Vengan queridos hijos, déjenos marchar

Abajo y lejos abajo!

Ahora mis hermanos llaman desde la bahía,

Ahora los grandes vientos soplan hacia la costa,

Ahora las mareas saladas fluyen hacia el mar,

Ahora juegan los salvajes caballos blancos,

Champú, frotar y tirar en el spray

Hijos queridos déjenos ir!

Asi, asi!

 

 

 

 

Llámala una vez antes de irte

Llámala una vez mas todavía!

Con una voz que ella sabrá:

Margarita, Margarita!

Las voces de los niños deben ser queridas

(Llamar una vez más) al oído de una madre!

 

Voces de niños, salvajes de dolor

Seguro que volverá!

Llama una vez y vente;

Asi, asi!

Madre querida no podemos quedarnos!

Los caballos blancos salvajes echan espuma y se inquietan!

Margarita, Margarita!

 

 

 

 

Vengan hijos queridos bajen, bajen!

No llames más

Una última mirada a la ciudad de paredes blancas

Y la pequeña iglesia gris en la orilla ventosa,

Entonces baja!

Ella no vendrá aunque la llames todo el día

Eh, ven!

 

 

 

Niños queridos fue ayer

Que oímos las dulces campanas sobre la bahía?

En las cavernas donde yacemos

A través del oleaje y el oleaje?

El sonido lejano de una campana de plata?

Cavernas llenas de arena frescas y profundas

Donde los vientos están todos dormidos

Donde las luces gastadas tiemblan y brillan,

Donde la hierba se balancea en la corriente,

Donde las bestias marinas alineadas alrededor,

Se alimentan en el iodo de sus pastos,

Donde las serpientes marinas se enroscan y se enroscan,

Secan su correo y toman el sol en sal muera

Por donde pasan las grandes ballenas,

Navega y navega con los ojos abiertos

La vuelta al mundo para siempre y si?

Cuando llegó la música de esta manera?

Niños queridos, fue ayer?

 

 

Niños queridos

Llamen otra vez que ella se fue?

Una vez que ella se sentó conmigo y contigo

En un trono rojo en el corazón del mar,

Y la más joven se sentó en su rodilla.

Ella peinó su cabello brillante y lo atendió bien

Cuando abajo oscilo el sonido de una campana lejana

Ella suspiró miró hacia arriba a través del mar verde claro;

Ella dijo debo ir a orar con mis parientes

En la pequeña iglesia gris en la orilla hoy.

Será el tiempo de pascua en el mundo, ay de mi!

Y pierdo mi pobre alma Merman! Aquí contigo

 Dije sube corazón querido a través de las olas

Di tu oración y vuelve a las bondadosas cuevas marinas,

Ella sonrió subió a través de las olas en la bahía.

Niños queridos, fue ayer?

 

Niños queridos estuvimos mucho tiempo solos?

El mar se embravece los pequeños gimen;

Largas oraciones, dije, en el mundo dicen;

Ven, dije y nos elevamos a través de las olas en la bahía.

Subimos a la playa por la arena

Donde florecen las poblaciones marinas, a la ciudad de paredes blancas

Por las estrechas calles empedradas, donde todo estaba quieto,

A la pequeña iglesia gris en la colina ventosa.

De la iglesia llegó un murmullo de gente en sus oraciones

Pero nos quedamos fuera en el aire frio que sopla.

Trepamos sobre las tumbas, sobre las piedras gastadas por las lluvias

Y miramos hacia los pasillos por los pequeños cristales emplomados.

Se sentó junto a la columna la vimos claro

Margaret hist! Ven rápido estamos aquí!

Querido corazón, estamos solos por mucho tiempo.

El mar se vuelve tormentoso los pequeños gimen

Pero ella ah, nunca me dio una mirada

Porque sus ojos estaban sellados al libro sagrado!

Ruega en voz alta el sacerdote; cierra la puerta.

Venid niños no llaméis más!

Ven baja no llames más!

Abajo, abajo, abajo!

A las profundidades del mar!

Ella se sienta al volante en la ciudad que zumba

Cantando con la mayor alegría.

Escucha lo que canta; oh alegria, alegria

Por la calle tarareando y el niño con su juguete!

Para el sacerdote, la campana y el pozo santo;

Por la rueda donde giré

Y la bendita luz del sol!

Y asi ella canta su relleno

Cantando con la mayor alegría

Hasta que el huso se le caiga de la mano

Y la rueda zumbante se detiene.

Ella se acerca sigilosamente a la ventana, y mira la arena        

Y sobre la arena del mar;

Y sus ojos están fijos en una mirada

Y de pronto rompe un suspiro

Y luego cae una lagrima

De un ojo nublado por la tristeza,

Y un corazón cargado de tristeza,

Un suspiro largo, largo

Por los ojos fríos y extraños de una pequeña sirena.

Y el brillo de su cabello dorado.

 

 

Venid lejos niños!

Venid niños bajad!

El viento ronco sopla con frialdad

Las luces brillan en la ciudad.

Ella empezará desde su sueño

Cuando las ráfagas sacuden la puerta;

Ella oirá los vientos aullando,

Oirá rugir las olas.

Veremos mientras por encima de nosotros

Las olas rugen y giran

Un techo de ámbar

Un pavimento de perlas

Cantando: “Aquí vino un mortal

Pero infiel era ella!

Y viven solo para siempre

Los reyes del mar.”

 

 

Pero niños a medianoche

Cuando soplan suaves los vientos

Cuando clara cae la luz de la luna

Cuando las mareas vivas son bajas;

Cuando los dulces aires llegan hacia el mar

De los brezales estrellados por la escoba,

Y las rocas altas arrojan suavemente

Sobre las arenas blancas una penumbra,

Hasta las tranquilas y brillantes playas

Por los arroyos iremos volando

Sobre blancos de algas brillantes 

Y las hojas secas que deja la marea baja.

Miraremos sobre las colinas de arena

En la ciudad blanca y dormida

En la iglesia en la ladera de la colina

Y luego volver a bajar

Cantando “allí habita un ser amado

Pero cruel es ella!

Ella se fue sola para siempre

Los reyes del mar.”

 

 

 

 

 

 

 

7

 

The Forsaken Merman

BY MATTHEW ARNOLD

Come, dear children, let us away;

Down and away below!

Now my brothers call from the bay,

Now the great winds shoreward blow,

Now the salt tides seaward flow;

Now the wild white horses play,

Champ and chafe and toss in the spray.

Children dear, let us away!

This way, this way!

 

Call her once before you go—

Call once yet!

In a voice that she will know:

"Margaret! Margaret!"

Children's voices should be dear

(Call once more) to a mother's ear;

 

Children's voices, wild with pain—

Surely she will come again!

Call her once and come away;

This way, this way!

"Mother dear, we cannot stay!

The wild white horses foam and fret."

Margaret! Margaret!

 

Come, dear children, come away down;

Call no more!

One last look at the white-wall'd town

And the little grey church on the windy shore,

Then come down!

She will not come though you call all day;

Come away, come away!

 

Children dear, was it yesterday

We heard the sweet bells over the bay?

In the caverns where we lay,

Through the surf and through the swell,

The far-off sound of a silver bell?

Sand-strewn caverns, cool and deep,

Where the winds are all asleep;

Where the spent lights quiver and gleam,

Where the salt weed sways in the stream,

Where the sea-beasts, ranged all round,

Feed in the ooze of their pasture-ground;

Where the sea-snakes coil and twine,

Dry their mail and bask in the brine;

Where great whales come sailing by,

Sail and sail, with unshut eye,

Round the world for ever and aye?

When did music come this way?

Children dear, was it yesterday?

 

Children dear, was it yesterday

(Call yet once) that she went away?

Once she sate with you and me,

On a red gold throne in the heart of the sea,

And the youngest sate on her knee.

She comb'd its bright hair, and she tended it well,

When down swung the sound of a far-off bell.

She sigh'd, she look'd up through the clear green sea;

She said: "I must go, to my kinsfolk pray

In the little grey church on the shore to-day.

'T will be Easter-time in the world—ah me!

And I lose my poor soul, Merman! here with thee."

I said: "Go up, dear heart, through the waves;

Say thy prayer, and come back to the kind sea-caves!"

She smiled, she went up through the surf in the bay.

Children dear, was it yesterday?

 

Children dear, were we long alone?

"The sea grows stormy, the little ones moan;

Long prayers," I said, "in the world they say;

Come!" I said; and we rose through the surf in the bay.

We went up the beach, by the sandy down

Where the sea-stocks bloom, to the white-wall'd town;

Through the narrow paved streets, where all was still,

To the little grey church on the windy hill.

From the church came a murmur of folk at their prayers,

But we stood without in the cold blowing airs.

We climb'd on the graves, on the stones worn with rains,

And we gazed up the aisle through the small leaded panes.

She sate by the pillar; we saw her clear:

"Margaret, hist! come quick, we are here!

Dear heart," I said, "we are long alone;

The sea grows stormy, the little ones moan."

But, ah, she gave me never a look,

For her eyes were seal'd to the holy book!

Loud prays the priest; shut stands the door.

Come away, children, call no more!

Come away, come down, call no more!

 

Down, down, down!

Down to the depths of the sea!

She sits at her wheel in the humming town,

Singing most joyfully.

Hark what she sings: "O joy, O joy,

For the humming street, and the child with its toy!

For the priest, and the bell, and the holy well;

For the wheel where I spun,

And the blessed light of the sun!"

And so she sings her fill,

Singing most joyfully,

Till the spindle drops from her hand,

And the whizzing wheel stands still.

She steals to the window, and looks at the sand,

And over the sand at the sea;

And her eyes are set in a stare;

And anon there breaks a sigh,

And anon there drops a tear,

From a sorrow-clouded eye,

And a heart sorrow-laden,

A long, long sigh;

For the cold strange eyes of a little Mermaiden

And the gleam of her golden hair.

 

Come away, away children

Come children, come down!

The hoarse wind blows coldly;

Lights shine in the town.

She will start from her slumber

When gusts shake the door;

She will hear the winds howling,

Will hear the waves roar.

We shall see, while above us

The waves roar and whirl,

A ceiling of amber,

A pavement of pearl.

Singing: "Here came a mortal,

But faithless was she!

And alone dwell for ever

The kings of the sea."

 

But, children, at midnight,

When soft the winds blow,

When clear falls the moonlight,

When spring-tides are low;

When sweet airs come seaward

From heaths starr'd with broom,

And high rocks throw mildly

On the blanch'd sands a gloom;

Up the still, glistening beaches,

Up the creeks we will hie,

Over banks of bright seaweed

The ebb-tide leaves dry.

We will gaze, from the sand-hills,

At the white, sleeping town;

At the church on the hill-side—

And then come back down.

Singing: "There dwells a loved one,

But cruel is she!

She left lonely for ever

The kings of the sea."