lunes, 8 de junio de 2026

Al dueño muerto de un gimnasio Thom Gunn version Pablo Queralt.

 


Al dueño muerto de un gimnasio

 

 

 

Lo recordaré bien

La elegante decisión

A esa línea roja de azulejos

Como margen alrededor de las duchas

De tu gimnasio, Norman,

En el que tan gallardo un físico

Como el tuyo por varios años

Ganó músculo cada semana

Con más marcada definición

La muerte por otro lado

Es rígida y,

Finalmente como puede definir

Una ausencia con su línea de corte

Ay carece de clase.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

un poema de Thom Gunn version de Pablo Queralt.




Los perdidos

 

 

 

Ahora mientras veo el progreso de la plaga,

Los amigos que me rodean se enferman, adelgazan

Y se dejan caer. Descubierta, es mi forma menos vaga –

Claramente expuesta y con una piel esculpida?

 

 

 

No me gusta el contorno helado de la estatua,  

No hoy en día. El calor que me involucró 

Salió afuera a través de la mente, la extremidad, el sentimiento,

Y más en una familia creciente involucrada.

 

 

 

 

Contacto de amigo llevado a otro amigo

Entrelazado suave a través de la masa viva

Que por todo lo que sabía podría no tener fin,

Imagen de un abrazo ilimitado.

 

 

 

 

No solo sentí alivio, aunque confortable:

Agresivo como en algún ideal de deporte,

Con incesante movimiento emocionando a través del todo,

Su empuje me mantuvo tan firme como su apoyo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero la muerte-sus muertes me han dejado menos definido:

Fue su presencia palpitante lo que me dejó claro.

La tomé prestada, no estaba confinado,

Quienes balancean esta noche aquí sin soporte.

 

 

Ojos deslumbrando desde un mármol crudo, en una pose

Lánguidamente en parte enterrada en el bloqueo,

Sus espinillas son perfectas y sin terneros como si me congelara

Entre el potencial y un trabajo terminado.

 

 

 

Abandonado incompleto, forma de una forma,

En que el detalle exacto muestra lo más extraño,

Atrapado en el vacío, no encuentro escapatoria

De vuelta al juego de dar y cambiar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

Una gran fiesta de Yves Bonnefoy traduce Pablo Queralt.

 



UNA FIESTA DE ANIVERSARIO

 

 

 

Que hermosa reunión esta noche en los jardines de esta antigua mansión del boulevard Saint Germain! Muchos amigos están aquí a quienes les gusta estar juntos, algunos años después, si fuera posible por siglos. 

 

Pero lo que me sorprende es que entre ellos hay algunos que no son los de siempre. John que llega de Oxford donde estudia, es una vieja mujer toda achacada, su pelo blanco desordenado, con una hermosa sonrisa.

Este hombre de espalda estrecha con rasgos huecos, ojos inquietos buscando los míos, pero es la pequeña Jeanne que se ha convertido en la gran escritora, o en una pintora de un siglo ido- es este Elsheimer, es este Dante? Entonces yo veo que él me hace el honor, probablemente por malentendido, de dirigirme la palabra. Yo no hubiera esperado de su parte una postura muy noble, con una mirada fría o distante, no, son solo dos manos temblorosas, excepto que sus dedos están muy apretados en una pequeña bola de goma amarilla: para este amigo de siempre, es todo lo mismo también o todavía la pequeña Jeanne con su sabido vestido a rayas, con sus faldas demasiado largas.

 

Y a nuestro alrededor que inquietud tengo y creciendo y esos hombres y esas mujeres altas algunos enmascarados gritando su felicidad en este sol, que ahoga sus voces y risas en el deslizamiento de sus sombras! 

 

Voy a uno que esta un poco apartado, donde las losas de la terraza se van convirtiendo gradualmente en césped. Es joven, viejo, hombre, mujer, me contestará en francés, en italiano, en inglés o en uno de esos idiomas desde el azul lejano o desde el fondo del tiempo del que ignoro todo, como saber?  Ocre, amarillo, pronto vagamente ocre rojo su pullover, pero ya completamente roja la bufanda que se anudó encima. Alejémonos de él, les dije. Ves este camino tan desordenado que cruza el césped apacible? Estos arbustos altos y espinosos, estos nidos acostados dentro, casi bloqueando el camino, y ahora estos enormes robles agitados por el viento y por debajo, muy abajo en el abismo, donde descendemos poco a poco, estas zarzas y moras que nos gustaba recoger, te acuerdas? Aquí estamos en el bosque, amigo mío. Es oscuro, es áspero y salvaje, nuestro camino se pierde allí, estamos en el medio de nuestras vidas no es así? Vamos a encontrarnos con esas extrañas bestias… La lonza, no?

Quién es usted ? grita horrorizado.

 

Quién soy? Como saber? Qué vestimenta me roba, de lo que podría haber sido mi vida? te tomo de la mano, adolescente que eras, no te resistas, te arrastro bajo la cubierta de los grandes robles, tendremos miedo, será oscuro, serán estas bestias las que yo decía, pero pronto veremos brillar esta estrella en la cima de una colina, y de pronto…  

      

 

 

 

 

 

Que has visto? Que has oído?

 

 

Visto nada. Me imagine que estaría allí, puedo gritar “pero eres tú…?”  Allí estos árboles, estas bestias, incluso estas piedras, me dices que allí no existen. Retiras bruscamente las cortinas de los árboles, ¡nadie! Y por lo tanto no hemos oído?

 

 

Si, una voz.

 

 

Yo escucho. Que son estos golpes, sordos, irregulares, impetuosos? Nada más que voces de niños, sus disputas en el jardín donde juegan, tan tarde ahora en la oscuridad… Ah, mi amigo, es cierto que allá abajo, como aquí y allá no hay luz excepto de noche, por la noche?

 

Voy, es un camino muy estrecho que serpentea detrás del pueblo. Setos que lo bordean pero por sus claros que son numerosos veo un poco de una llanura inmensa que un resto de sol colorea. Bien conmovedor en este país vecino al mar Báltico la forma en que lo lejano se hace horizonte, lo visible de lo indistinto, los colores de las napas del silencio. Voy, se que pasaré por una casa que la cubre sus grandes árboles, y ahí es donde juegan estos niños, se diría infinitamente. Voy. Las hojas ya secas caen de las altas ramas, polvo de oro. Y pasan por encima de mí cantando lor lai un vuelo de grullas que durante unas semanas de cada otoño se reúnen muy cerca de aquí, estoy aquí donde estoy y amo vivir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Perambulans in noctem . un atelier de Yves Bonnefoy version Pablo Queralt.

 


EN EL ATELIER DE UN PINTOR

 

 

Estoy en el atelier de un pintor en el momento más expectante de la noche. Tan avanzada la noche ¿que puedo hacer mejor que arriesgarme aun más, caminar después de ir deslizándome con los reflejos de la luna como sobre una piedra pulida hasta este amigo pintor que trabajó todo el día?

 

Tanteando encontré la segunda puerta, la empujé de par en par, entré. Allí la oscuridad es casi total, yo no distingo más que vagamente una pared muy áspera a mi derecha, al alcance de mi mano, parece elevarse infinitamente a lo alto hacia un posible cielo de uno de aquellos mundos de aquí como hay tantos sin estrellas. Toco esa pared, me recuesto contra ella, me ayuda a avanzar: con precaución, como se debe, entonces, debido a que yo sé que el atelier esta  abarrotado de mesas, caballetes, cuadros, potes de pintura dejados abiertos en el piso. Y también aquí y allá los montones informes de lino húmedo.

 

Pero que eso que me choca? Está vivo, siento bajo mi mano un lomo de lana suficientemente alto. Y tuve que asustarla a esta oveja porque hizo un salto al costado mío con un balido que en esta oscuridad provocó alarma: por todos lados y hasta muy lejos percibo un retumbar en el cuál yo sentí ser atropellado, esta vez con bramidos, rebuznando, un grito que se destacaba a veces muy agudo, del simple y triste rumor de todas esas vidas invisibles. Mi amigo, el pintor, serías un retratista? Si pudiera encontrar un interruptor y alumbrar, ir y ver estas cabezas paradas delante de mí, no, estos hocicos, grandes orejas erguidas, ojos innumerables que me miran firmemente con ese miedo incesante y ese asombro de no entender que son una parte de la vida?

 

Sí, pero donde está ella, esta luz? Yo siento que estoy sobre la arena, donde se abate el agua tibia de las olas que se rompen, todas cerca de mí : las escucho, respiro el olor …extiendo la mano, sobre el muro. Es esto una mesa, con lápices, y hojas? No, no. 

 

 

 

Pintor, tenías ayer gestos tan precavidos para no dejar que el mundo envejezca! Mirando directamente al color, cortando el azul, el verde, con grandes tijeras que lleva la vida, la muerte, el deseo, la infancia. Haciendo que se eleven toda clase de días entre las hojas, y que en cada vez eso fuera inesperado, tranquilizador, hermoso. Ah pintor, amigo mío, por suerte existes! La prueba, este abrigo quizá negro, manto de tinta, silencioso, infinitamente duro, cemento tal vez, que toco sin ver nada en este perchero cerca del cual  me quedé, en la puerta todavía.    

 

 

 

 

 

Y aquí lo que ha pasado a mi lado, son dos hombres. Uno le dice al otro:  “the air bites shrewdly, it is very cold”. En cuanto se abre la puerta de par en par, los dos salen riendo, y eso es por un instante un rayo de luna, estrecho pero lo suficiente brillante como para  ver, allá abajo, en el centro del estudio en tu búsqueda sin fin. Donde estamos? En las murallas. Estas cerca de uno de los grandes creneles, también sentado contra la piedra, tus ojos vuelven a ese cielo decididamente sin estrellas. Y delante de ti, tienes en tus manos hojas cuya sangre fluye, se distingue una cara aun, la de un Dios, con un gran sufrimiento que respetas. Pero que hacías tu?

 

 

No hubiera sabido, desde este umbral donde estaba, pero resulta que estoy también muy cerca de ti, mi amigo, y veo que eres inmenso, una especie de jardinero, y que te comprometes a hacer correr el agua -es verde azul y amarillo ocre y negro también, y rojo, un rojo del cielo del atardecer- en los pliegues movedizos de un campo del comienzo del mundo. Agua que ha llegado desde infinitamente lejos para rejuvenecer este suelo que ha sido arado. Ya crecen las plantas que ni tú ni yo hubiéramos imaginado ayer. Y la oveja que me había golpeado, aquí está. Su cabeza busca mi mano y ella tiembla, por supuesto esta preguntando, como cualquier petición en esta tierra.

 

 

 

Detrás de este atelier hay un gran jardín, o parque, con árboles de otro sector y sus viejos caminos que no terminan en ninguna parte. En un punto llegué a una especie de kiosco.   Se entra allí, en tres pasos, es pequeño, hasta una habitación con una mesa donde una vez se abandonó un rollo de cuerda.  El rollo esta deshecho, un extremo de la cuerda cuelga hasta el suelo, casi lo toca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 23 de abril de 2026

De la primavera al verano de Alice Meynell por Pablo Queralt.

 


             De la primavera al verano

 

 

La poeta le canta a su poeta

 

Oh poeta del tiempo venidero,

mi conquistador comencé para ti.

Entra en tu dolor de poeta

y toma las riquezas de la lluvia,

y crea el año perfecto para mí.  

 

 

Tu a quién mi lira se dirige  

cuando vengas escucha mi llamado.

Oh cumple las promesas de mi canto

toma la parábola de mis días;

en ti confío el propósito de todo.

 

 

Y si mis pensamientos se despliegan desde mí

sabe que yo también tengo destellos de ti

débiles esperanzas que cruzan mi mente

en los raros días de viento cálido

y tonos de verano en el mar.

 

Y yo he trazado tus caminos, yo guio

tus flores en la salvaje ladera. Y yo tu poeta

del pasado comparto las flores que se agolpan

a tus pies donde quiera que yo

guie tus pies antes de morir.

 

 

THE SPRING TO THE SUMMER

The Poet sings to her Poet

O poet of the time to be,
My conqueror, I began for thee.
    Enter into thy poet's pain,
    And take the riches of the rain,
And make the perfect year for me.

 

Thou unto whom my lyre shall fall,
Whene'er thou comest, hear my call.
    O keep the promise of my lays,
    Take thou the parable of my days;
I trust thee with the aim of all.

 

And if my thoughts unfold from me,
Know that I too have hints of thee,
    Dim hopes that come across my mind
    In the rare days of warmer wind,
And tones of summer in the sea.

 

And I have set thy paths, I guide
Thy blossoms on the wild hillside.
    And I, thy bygone poet, share
    The flowers that throng thy feet where'er
I led thy feet before I died.

 

 

 

Del dia a la noche de Alice Meynell por Pablo Queralt.

 


            Del día a la noche  

 

El poeta le canta a su poeta

 

Desde el amanecer hasta el anochecer,

y desde el anochecer hasta el amanecer

siempre estamos separados, dulce.

Unas pocas estrellas titilan sobre el césped rocoso

y la fría orilla del mar, cuando nos encontramos  

el crepúsculo llega con tus pies sombríos.

 

No somos día y noche, mi bella sino uno solo.

Es una hora de horas, y pensamientos que no están

en ningún otro lugar. Se piensan aquí entre las flores

marinas mecidas por el viento, este encuentro

y este crepúsculo nuestro.

 

 

 

La alegría ha llevado dolor a su corazón

y hay crepúsculo y estrellas para ello

oh quédate, quédate! No se separarían;

y el viento salvaje viene de ultramar

con una nueva canción para los olivos.

 

Cuando nos encontramos junto al pino resonante,

el sueño se acerca a su hermano sin sueños,

y cuando tus dulces ojos responden a los míos,

la paz se acurruca junto a su madre afligida

y la esperanza y el cansancio se besan.

 

 

 

THE DAY TO THE NIGHT

The Poet sings to his Poet

From dawn to dusk, and from dusk to dawn,
    We two are sundered always, Sweet.
A few stars shake o'er the rocky lawn
    And the cold sea-shore when we meet.
    The twilight comes with thy shadowy feet.

 

We are not day and night, my Fair,
    But one. It is an hour of hours.
And thoughts that are not otherwhere
    Are thought here 'mid the blown sea-flowers,
    This meeting and this dusk of ours.

 

Delight has taken Pain to her heart,
    And there is dusk and stars for these.
O linger, linger! They would not part;
    And the wild wind comes from over-seas,
    With a new song to the olive trees.

 

And when we meet by the sounding pine
    Sleep draws near to his dreamless brother.
And when thy sweet eyes answer mine,
    Peace nestles close to her mournful mother,
    And Hope and Weariness kiss each other.

 

miércoles, 22 de abril de 2026

a un poema en tiempo de silencio. Alice Meynell traduce Pablo Queralt.

 


A un poema en tiempo de silencio

 

Quién te buscaba pequeña canción mía?

Este invierno del corazón de un poeta silencioso  

es de repente dulce contigo. Pero lo que eres

flor de pleno invierno quisiera poder adivinarlo.

 

Eres tú la última huérfana de tu linaje?

Te nutrió el calor del último verano muerto?  

O es la primavera oculta latente en mí

que se agita fuera de mi vista siendo tú la señal?

 

Donde miraré hacia atrás o hacia el mañana?

A otros de tu fragancia hija secreta?

Quién sabe si te reclaman las cosas últimas o las primeras?  

 

-Seas tú la última sonrisa de mi tristeza

o una alegría demasiado dulce, una alegría demasiado salvaje.

Como mi violeta de Diciembre te nombraré.  

 



TO ONE POEM IN A SILENT TIME

Who looked for thee, thou little song of mine?
    This winter of a silent poet's heart
    Is suddenly sweet with thee. But what thou art,
Mid-winter flower, I would I could divine.

 

Art thou a last one, orphan of thy line?
    Did the dead summer's last warmth foster thee?
    Or is Spring folded up unguessed in me,
And stirring out of sight,—and thou the sign?

 

Where shall I look—backwards or to the morrow
    For others of thy fragrance, secret child?
        Who knows if last things or if first things claim thee?

 

—Whether thou be the last smile of my sorrow,
    Or else a joy too sweet, a joy too wild.
        How, my December violet, shall I name thee?