lunes, 17 de diciembre de 2018

La escritura, la música, la esencia de la poesía II. Por Pablo Queralt.





  


La escritura expansiva no busca ordenar las cosas sino fluir, ser en la reproducción de las cosas que mi ojo ve o el ojo de otros que me interesan y me ayudan a ver en esa tensión que llevan las palabras. Más que su significado, su relato creciendo y desarrollándose en sus secretos proliferando en la distorsión, en la ensoñación en esa escucha ni siquiera lectura sino en sus resonancias musicales, pictóricas en ese vivir.
Agradezco que mi primer poema no saliera de un tiro solo, sin dificultades pues de esa forma no hubiera sabido por que salió, no hubiera aprendido a hacerlos ya que hubiera sido de suerte. Hacer un poema abarca, incluye para mí ir contra esa adversidad con la que hay que lidiar, sortear para la construcción que hace al oficio del poeta, ese saber que solo se obtiene a través del oficio y la dificultad. Lo que no implica que luego  por la experiencia los poemas salgan cada vez con menos dificultades y casi se horneen en la cabeza y ya en el soporte, papel pantalla salgan casi impresos. 
El lenguaje como una forma de desarmar para ver desde otro punto, crear otro punto, es frotar información sobre información como decía Cage citando a Mac Luhan, ya que casi todo esta dicho. Sacar la individualidad de la masa con algo de intuición que esta en toda inspiración, mejorar la calidad de atención. 
O usar la palabra para lo que no puedo evitar decir, según Cage como una declaración ir en el sentido de la cosa en el espacio “un encuentro más no deseo”.
Que sea el objeto y la ilusión una unidad indivisible donde fijar nuestro sensorio acomodándose a la naturaleza propia de los sentidos reunidos en esa sola cosa que reúne sueño y vigilia, la de los ojos cerrados.
Empezar como una batalla perdida sin otra felicidad que la de empezar a lo Passolini como un regalo, una fotografía, un dibujo pintado con los colores que nos gustan. Un arco iris más allá que nos anima al camino a la canción. Un diario que construimos que nos atrapa, otro lugar donde la vida es una especie de letrismo, donde cada letra tiene su actividad, unas más activas que otras como las a y las z marcando un ritmo, una musicalidad. Es interesante ver el texto, su posibilidad musical y de resonancia desde este punto de vista las letras como notas, como números, ese río y su sonido.  
No me interesan las palabras como barandas sostén o barco donde no hundirse y salvarse, si las palabras que viven, sudan, se autodestruyen en el poema y dejan ese polvo, esa estela, estrellas que nos dejan una esencia algo fuera que destruye el muro con sus ladrillos, palabras que dejan ver caer un mundo para ver. La palabra baranda cae, la palabra barco se hunde a la larga o a la corta pero lo que transmite queda, en ese aire ese vacío flota la esencia de la poesía. La música tan fundamental en las películas de acción es igual de fundamental en el poema con sus contrastes, no esa armonía que nunca hay en la naturaleza si los distintos ritmos, luces, adecuaciones que ponen la piel de gallina, la música de las palabras dando el sentido y el matiz.

Del libro inédito de ensayos Dicho al oído de Pablo Queralt.













1 comentario:

  1. "La palabra baranda cae, la palabra barco se hunde a la larga o a la corta pero lo que transmite queda, en ese aire ese vacío flota la esencia de la poesía." Muy bueno, Pablo!

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