martes, 15 de septiembre de 2020

MARIO BENEDETTI. POEMAS EN ACTO. Hoy cumple 100 años y su poesía simple, sencilla, que dice al pan pan tiene un lugar bien ganado en el sitio de la poesía. Aunque muerto él sigue viva, HOY en el Instituto Cervantes de España lo celebran con una antología de su obra, están allí el poeta García Montero a quién conocí en el ICI de Florida por fines de los 90, Joan Manoel Serrat, la poeta Elvira Sastre, Sabina entre otros más. Yo lo conocí brevemente a Benedetti en un encuentro casual en el patio Bulrich de Buenos aires, yo entraba y él salía del cine, estaba con su mujer y al verlo venir de frente no pude menos que saludarlo y me dio su mano, fue muy cortes me presenté como poeta inédito hasta esa fecha como asistente al taller de Horacio Salas, y ya luego supe por alguna entrevista en canal “a” de su gusto por Apollinaire y Baudelaire, supe entonces que era un hombre que conocía la poesía y que él había elegido el oficio poético que no parece poético por su simpleza pero de una verdad absoluta que te puede caer como un rayo o calentar como el sol, esa del que pregona no te salves, o que te proporciona un corazón coraza. Las pasiones tienen quién le escriba en su lengua y cadencia de alegría, deseo, y placer y amor del que lucha y vence a la tristeza- odio –aversión- dolor. Yo escribí una nota sobre su poesía hará 7 o 8 años en la que decía algo así como que era el poeta de la realidad en acto sin más y ahora sería hora que fuera considerado por los poetas que componen la poesía, como decía Borges de Baldomero F. Moreno como el poeta del nervio óptico, en lo que se asimilan ambos como poetas de lo instantáneo, del ya ahora, de lo que sucede. Hoy que veo este acto conmemorativo me hace rememorar cuando leí en esa primavera Alfonsínsta, Inventario, Montevideanos o Los poemas de la oficina o cuando leí La tregua o Gracias por el fuego. Y me quedo con ese corazón profético que hoy es nostalgia y pienso que todo el disco de Serrat “el sur también existe” donde musicaliza sus poemas canción, son todos excelentes poemas narrados, cuentos canción, de una belleza de un sueño de una noche de verano o simplemente vitales frases que enlazan un poema con remate final y hay que tener en cuenta que si a la gente les gusta hay que prestar atención a ese detalle que la poesía no es solo para los poetas y la popular tiene su causa efecto y su oficio que cuando es trabajado como en muchos poemas de Benedetti son poemas dignos de un buen poeta, más allá de que haya publicado todo lo que escribía y que tal vez se lo reclaman poemas como una mujer desnuda y en lo oscuro, los formales y el frío, defender la alegría, no te salves, corazón coraza que trabajan lo obvio pero exaltando esa condición. Aquí repito el texto sobre Mario Benedetti. Mario Benedetti y su poesía. La poesía de Mario Benedetti es como agua, cristalina pura transparente sin artificios, directa es agua y como tal no se la considera por que siempre esta es simple básica incolora inodora transparente pero necesaria vital y guay que no nos falte así la poesía de Benedetti como un punch de una realidad que puede pasar inadvertida por el aparente simplismo y ser considerada un bien devaluado, pero el agua persevera perfora la piedra avanza no se la puede detener no retrocede encuentra busca su cauce y persevera como esas verdades simples y contundentes verdaderas de la poesía de Benedetti que como el agua no se puede parar si encausar guiar utilizar. Como una mujer desnuda y en lo oscuro que nos ilumina y nos alumbra en una noche de apagón o desconsuelo o sus decálogos de defender la alegría o la compañía de los árboles solidarios. Sus slides pequeños fragmentos de luz captados “usted sonríe y usted nace”, esos diálogos que va planteando en su cabeza en sus veredas como una canción sus tácticas y estrategias o la compañera que sabe que puede contar conmigo no hasta 2 o hasta 10 sino contar conmigo o el sabio no te salvés no reserves del mundo un rincón tranquilo no te pienses sin sangre no te juzgues sin tiempo. A diferencia de esas canciones cursis pegajosas dulces peligrosas que no podemos olvidar y que cada vez que las repetimos nos van matando la poesía simple directa clara transparente verdadera que no olvidamos de Benedetti nos va vivificando cada vez que la recordamos con su soplo de aire fresco de calle de ciudad de pañuelo un abrazo amigo rioplatense con esa cadencia de sus olas su música de sentarse en el café. En el juego que juega la poesía de Benedetti a responder las preguntas que se hace también tiene su respuesta en este río cada pregunta tiene su respuesta pero luego nos dice como los grandes poetas que saben que no salimos de la incertidumbre en ese deambular entre los interrogantes que cuando tenemos todas las respuestas nos cambian las preguntas es el río de Heraclito y de Pármenides, siempre es distinto esa es el agua de la poesía de Benedetti, el agua del río de Heraclito como él nunca nos bañamos 2 veces en el mismo río, y Benedetti tiene esa llave que abre el juego del misterio entre las relaciones entre nosotros como su poema los informales o compañera o la de los deseos, la soledad una mujer desnuda y en lo oscuro o la militancia con sus informes de situación el sur también existe un hombre y sus circunstancias con un lenguaje llano claro y contundente de igual a igual en sus verdades. Podría decirse que es uno más de los poetas claros transparentes sencillos como también Baldomero Fernández Moreno como lo bautizó Borges el poeta del nervio óptico que transmite automáticamente la imagen que capta el ojo en ese cristal del cristalino natural orgánico simple fácil real verdadero. Tal vez la poesía de Benedetti no sea tan valorada entre los escritores por que asusta por mostrar lo difícil de escribir sencillo como la simpleza de un haikus o el viento que trae el otoño asi sin pedir permiso presentándose nada más, nada más.

domingo, 6 de septiembre de 2020

Lorenzo García Vega. Una cuenta del callado rosario. Por Pablo Queralt.


 

Lorenzo García Vega es un poeta sabio y callado que cuando pone la palabra en acción pone la bala al modo de los pintores minimalistas con grandes espacios y detalles pequeños alucinantes, minuciosos. El ve el detalle que marca la diferencia, busca el pelo en la sopa como suben y bajan las lomas de la juventud y la vejez, como maduran las palabras. Su tiempo y espacio van en paralelo al del mundo, transmutando, transpolando un lenguaje de lo que es y debiera ser, por que en él impera y hace blanco ese orden natural que lleva en él. Como se autodenomina Lorenzo Vega: escritor no escritor que gira alrededor de un centro que no es geométrico, va recorriendo sus laberintos de versos e infidencias de la vida que la vida misma le enseñó y hace su sabiduría día a día como quién cuenta a otro lo que le pasa en ese aire clandestino del oficio. Un sottovoce a todas voces que atraviesa lo real y la escritura, en esa transpolación va toda su polenta, su máquina a puro pulmón y estrategia dirigiendo sentido y palabras. Trasladar lo olfativo a textura para crear otra dimensión, una construcción que fuera una cajita, otro sentido como una música de jazz, todo es una traducción de un relato que no relata, lo que seduce es el modo garcilariano neobarroco de imágenes, ideas, convencimientos entrecortados, entrecruzados como rupturas, de lo fractal, fragmentario que fluye libre en el yo desbaratado por el ser como autenticidad de lo vívido, aprendizaje del dicho “de para lo que te va a servir”. Lo burlesco, lo irónico de lo inevitable como un gran mar que nos apodera, y es que somos de allí y no esto que creemos que somos, esto que vemos. Y allí queda en un sentido el olfatorio para pasar de un olor a otros olores como secuencias, relatos, piezas pequeñas que pudieran entrar en una cajita, ese es el material con el cuál trabaja, algo que tal vez pudiera hacerle daño, y es que hay recuerdos, situaciones, sucesos, que nos afectan, bueno él se mete con lo que otros prefieren olvidar. Es la curiosa valentía del poeta que lo lleva y va de cuento en cuento como en una zaga siguiendo a los fantasmas que ama. Dice, me pasé la vida guardando piezas contrahechas para trabajar con ellas pero los escritores y artistas son tan brutos que no lo pueden entender. Ladrillo a ladrillo va construyendo el ideal del sueño con esos rincones, espacios, cocinas, lugares maternos, recreos, patios, donde sale su verdadero actor. En un intentar ver las imágenes como un traductor para ver la borrosa infancia entre la luz mocha. Se sube a todos los trampolines para atravesar esa luz opaca, ese silencio denso de lo secreto, para encontrar, para masticar palabra alguna constructora de lo verdadero. Atender al suspenso que engendran los miedos, y ver cuál suspenso será el más efectivo como cuando en una película se ve una bomba dentro de una maleta entre dos que van charlando en los asientos de un tren sin que ellos la hayan visto y luego estalle, a que directamente estalle. Maneja los tiempos y escenas del yo y del ser, con gran maestría en esa sospecha de al más mínimo gesto. Avanza con sus versos como sombras fílmicas que lo salvan de remontar el río al revés, recorre esas escenas silentes de Tom mix en la pantalla, de algo que no existe más y es la lluvia sobre el parabrisas lo que lo lleva a su realidad, su pasado ya fue y el futuro no llegó, ve y comprende la cantidad de cosas raras que en el inconciente pueden suceder para quedar razonando extraños porcentajes. Como un niño que se ha puesto los ojos y se auxilia con libros y dice en esa realidad había estado?   El lirismo barroco de Lorenzo Vega como un dibujo apagado por el destrenzar pálido nevar de invierno. Porque nuestro centro galopa y a veces sabe a donde va y otras no, es el azar y la dicha de estar que una conciencia que va adquiriendo y asombrándose desde el niño que nunca perdió y ejercita poemas como juegos o fuegos de quién transfigura o transilumina desde la vida real a la vida de la escritura sin saber finalmente cuál es cuál. El poema nos lleva por varios lugares construyendo. Tal vez ese jinete de la lectura de imaginarnos la noche y nuestro traje y nuestra tristeza con su canto de rasgado insecto. Así va como en una película de Cronemberg. Una cuenta del callado rosario en las roturas que no preguntan, sus poemas para una penúltima vez. Su soliloquio con el libro dice, ahora vuelvo al libro del ocioso dandismo, del juego de mis manos como inútiles payasos en su juego de dedos y de la mujer  dormida donde levanto mis piedras. Toda esa voluptuosidad, ese sensorial sensualismo del Eros. Ya vuelvo libro del tedioso horizonte. Escribe ausente desde el imperativo un nosotros, hay que mirar, no se van sus palabras, la luna se esconde, trote rápido de caballos, signos esta noche trazando cambiándome revolviéndome. Aunque el yo aparezca aparece ausente como observado por otro como si fuera un testimonio de anacrónicas líneas que parecen conocidas. Es un rumor de distancias hacia las cosas el sueño de un instante como nave de iglesia. En esa nave donde vamos todos en su lectura. Sueños que fluyen como collage fotográfico y que se atascan allí donde está el conflicto que interesa al ser para confrontarlo, dilucidarlo como esas pausas de luz, navegar siempre en lo curioso del cuento para capturar el instante de lo fantásticamente diminuto, lo que el mediodía traduce, lo que mejor ni hablar, lo que no se puede hablar y jugar con eso. Con lo que nuestro destino requiere, un lograr estar seco un día de lluvia, una suerte de conciencia creada. Es todo tan difícil de resolver nos dice el poeta, nos vamos a entretener un rato desde el juego que saben los grandes poetas, ofreciendo todos los coloretes de si, una vida con las rayas del buen tigre y el sabroso caramelo. Sus campos son esos trozos de vida incorporal que los demás desdeñan o les son inútiles, para filosofar sobre lo profundo de pequeñeces viendo la biblia y el calefón y no llorar total para qué si es más de esa lluvia o agua que no moja, es las 2 visiones del fantasma, el desnudo y el imaginado, archivado de sueños que nos llega por correo y cuando abrís el mail ya fue, y seguís buscando tu tornillo aunque te lleve toda una vida, ese es su poema, su libro, su obra, su territorio existencial. Mirar por mirar cuando algo se ha ido de uno como capas de pasado que se han ido muriendo.  Quien encuentra a quién en ese encuentro cotidiano que asombra, sorprende, todo eso que va en la energía de collage barriendo, spoliando imágenes capturadas por el ojo visor en ese plasma territorial de lo que es dejado en el centro mismo de la llama que guía la mirada que se resiste y dice que no es hora que se borre ese objeto de sombra, ese tren de tanto paso, esa risa que perduró.  





Epiléptica. Alice Oswald. Traducción Pablo Queralt.




Todas las noches camino de esta forma
Los caminos del río lunar
Mirando con un ojo creciente
Los rifs y trapos de polillas.

Oh gentiles polillas que me siguen,
Les dejaré escuchar mi mente
Sobre cosas que se acercan
Y desaparecen como el viento.

Todas las noches corre el mar
Sobre un barrio pobre de arena.
Lleva toda la semana ver la marea
Y varios años para conocer el viento.

Puse mi pie sobre la hierba,
Pensé que era un sendero,
Pero primero suspiró y luego se hundió.
Yo desearía ser una polilla de alas blancas.


Desearía ser ese aleteo zumbido
Salida sobre las cañas temblorosas
Entre la brisa y yo
Es difícil decir cuál sería más ligero.









martes, 18 de agosto de 2020

Charles Kenneth Williams. Donde estoy en ese momento. Por Pablo Queralt.




El contraste y lo análogo entre naturaleza y ser humano es un relieve constante en la escritura que va desenvolviendo como un legado de conocer, en el como, cuando, donde, en el sinsentido el summum del yo, el poeta de New Jersey. Una construcción que se expande de verso a verso de una situación existencial presente encabalgadas en diversas variaciones rítmicas de la interacción mente-realidad, en un proceso creador que abre campos incorporales donde es testigo de lo que deviene interactuando con el ser que hace conciencia para saber la verdad, para dejar lo que mayormente somos esa memoria que pasa de futuro a pasado para experimentar el éxtasis de estar. Una luz encendida que guía al navegante, un amateur, un director improvisado, un Vivaldi que tiene y cree en la ternura, la locura y la cordura para dejar de crecer en simulacros como decía Unamuno, para escuchar la música que somos hasta completar la tristeza, la alegría y que todas las pasiones reposen en su plenitud máxima para dejar el sometimiento y cerrar el circulo. Y dejar esa fricción, especie de insistencia que se mueve dentro de uno o del que se mueve dentro de uno con algo que desea y  se le ha negado, algo que quiere ahora postergado, algo que absorbe demasiado tiempo emocional, y que es ira sobre ira. Esa doble oscuridad de la que habla. Y conoce la musculatura de su peligro, no es tanto el miedo a lo que suceda sino tal vez el deseo de que suceda. El que se ve a sí mismo y al mendigo como un par de átomos ínfimos, pasando uno al lado del otro o a través. Pintando la imagen del rizoma. La autentica naturaleza sensual.  
Eso que lo hace pensar siempre en el dolor con la sensación del último saludo, esa compañía para compartir todo lo bueno y lo malo que la vida le reservara y es un pasado finalizado, con la crudeza de un lamento. Un oboe practicando escalas entre la maraña de voces y la felicidad de haber conocido enteramente al otro, ese momento tan único, eso es amor. Le canta al miedo su canción rememora a Coleridge, creyendo que habrá cura para el corazón humano para remediar sus ansiedades, recelos, y el corazón metafórico acuchillado, diseccionado, en todas las ventanas del parpadeo de las televisiones con sus políticas del terror, guerra, miseria sin fin, encuentra una iridiscencia de otro mundo surgida del reverso de algún filamento para rescatarnos. Como un opúsculo la vida del protagonista es un hombre que vive trabaja, se casa tiene hijos, su casa hasta que viene la tempestad y se lleva todo hasta el árbol del cuál quedan colgados, le arrancan a su familia y es engullido por las voraces olas, llora por su vida y se va al fondo, se hunde.    
Y comprende en ese vasto mar-océano, en ese vislumbre como un dios donde se encuentra que todo lo vivido era ilusión, la realidad era eso desde
el principio, ese dios enorme como la nube de una tormenta o el mar sin límite.  
Y es en esa lucha por mantener la conciencia adquirida cuando uno es atrapado por no prestar atención y baja la vigilancia aturdido por todo lo que existe y la ansiedad, que es necesario sufrir para aprender y el tema es despierta ya.
Y la necesidad de exonerar experiencias de amor cuando rompen la cosmología de uno y lo que une las vidas reales entre sí, nos dice el autor. Liberarse de los vínculos por eso de que si te amo no te necesito, porque ya te amo. Y si estas, venís mejor pero sino también. Es imponente la formación de sentido de sus fragmentos de intensa prosa poética, el movimiento que pone en existencia una verdad o estado de las cosas. Nuevas líneas de sentido se prolongan y aúnan, y se va absorbiendo, digiriendo, se incorpora un mundo infinito cuando en ignorancia se corría riesgo de asfixia y precariedad. El espacio y el tiempo no son espacios neutros salvo cuando se alza la voz baja para rimarlos con los compases interiores, ahí toda la sabiduría que nos da Williams, nos muestra como dos enamorados contemplando la mutua felicidad, la pasión del uno por el otro.

 Sus libros Reparación, El canto han sido traducidos al español en ediciones Bartleby editores. Entre los reconocimientos que recibió figuran el premio del Fondo Nacional de las Artes, en 1985 y 1993. Fue finalista del Pulitzer en 1987 y lo ganó en el 2000. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura, en 2003, por “The Singing”.



Madre. Alice Oswald. Traducción Pablo Queralt. 


 Estoy esperando a una lechuza común. 
Manteniendo intacta mi paciencia 
Para una criatura blanca mucho más tranquila 
 Hecha de puntales de cometa y cuchillos. 
Esperando un poder Apareciendo solo cuando esta la niebla en flor 
Y las arañas cierran todas las rutas hacia los campos. 
Con los dedos del anochecer que se flexionan lentamente 
Viniendo más lentamente, dolorosamente vivo. 
¡Fuera de alcance! Fuera de alcance! 
Ella trabajará su turno 
Como un mecánico que desengancha un auto de manera experta sin que parezca, 
Tirando de los cordones de sus alas 
Como dos velas rígidas ..) 
 Estoy esperando a una vieja reina deshilachada 
Para caminar hacia esa ventana: 
La que abrilla como la luna 
Pero caga en las paredes, 
Ella cuya casa no tiene libros o baño. 
La que mira a su hijo muerto 
Y nunca arregla 
Su ropa de cuna carcomida por ratas… 
Esperando a la madre trabajadora 
Posee esos huesos plumosos. 
Algún tipo de aversión a la luz 
Para enseñarme su mansedumbre.

sábado, 1 de agosto de 2020

El pasante. Alice Oswald. Traducción Pablo Queralt.




Esa noche esos postes de la cerca muy delgados
Luchaban por salir del barro otra vez
E inmediatamente comenzó la comida, hubo
Ese revoloteo de servilletas blancas de zancudos apresurándose



Estaba esa garceta vieja y doblada
Empujando y balanceando su cuchillo y tenedor
Y tantos lodazales mucosos
Tanta garganta suave chupando mis pies


Pensé ten cuidado esto es lodo profundo esto es
Boca pura tiene tales músculos labiales
Cuál succión de besos húmedos
Al más mínimo contacto se pega a tus manos


Ahí va ese playero común hasta su barbilla en
El plato hirviendo de papilla y
Toda la noche ese sonido de alimentación que se filtra
De humedad digiriendo pequeñeces




Y luego me arrastre sobre la hierba gris
Y todas esas vainas de comida viscosa estallan debajo de mi
Pensé saber de quién era la lengua
Pisando y bajo cuyo ojo cerrado








Cada zapato cada caparazón cada media
Cada hueso estará abarrotado.
Para mi malestar la comida seguía y seguía
Estaban esas colas de juncos


Sumergiendo sus pajitas en los muertos
Hubo una marea astuta que se lleno rápido
Pensé realmente que debía tener pies palmeados
Debería tener alas blancas para caminar acá.









jueves, 16 de julio de 2020

Ricardo Molinari un gran poeta. Por Pablo Queralt. 




El que se para frente al día ventoso de otoño que lo vio nacer y hoy a tantos años abandonado del tiempo le canta su oda. Ricardo Molinari es una oda escrita en las páginas de su vida y de todo aquello que interesa al escribiente, escritor. A través de su largo prolífico y copioso oficio nos encandila de imágenes, palabras a su antojo utilizadas creando campos de universos que enlazan con colores, incandescencias, claridades de aire,  días murmurantes donde descubre el brillo en lo sombrío. Es el que vuelve retorna para mirar y allí lo sentido, la sensación que rompe sobre lo observado como al pasar en el vagar por nubes y planicies. Y ese sueño que va con el aliento tiniebla del anhelar ligero y que en un suspiro de tanto estar consigo levanta el vuelo y es luz y muerte sin morir que lo lleva. Es admirable como construye y deconstuye a la vez adjetivando y dando potencia a lo que se dice, es una poesía de la fortaleza ante lo irredimible. La templanza lo lleva en una escritura del si y del no. Ardiente y callada sombra toma de mí, dice mis días idos, ansiosos días en su dueño. El lenguaje que maneja al escritor para crear un nuevo  idioma destruyendo, construyendo palabras que compiten, se empujan unas a otras y crean lo inesperado, lo fantástico y fantasmal. Dando un ritmo una maquina sensorial a un nuevo idioma hermético y paisajista como un friso del ser jugado en cada paso del que se aleja del sendero buscando la luz que su lírica le permite. Ese es su cuaderno, un contrapunto entre la voz y la palabra construyendo sentido para olvidar que vivió, es el neopathos de los griegos vuelto a su visión de vivir, a su Sur, entre cielos y atardeceres hace su periplo, su peris pathos. Dejando toda sucesión lineal avanzando en transposiciones se desplaza contemplando y siguiendo el curso de cielos y pájaros y eligiendo una palabra con otra para cambiar
el sentimiento como diría Manucho Mujica Lainez, o el curso del sentido y sentimiento.  Sus palabras pierden el anclaje a las leyes del correcto significado, significante y del control de lo estipulado y pasan a ser autónomas interdependientes de sus asociaciones como resultado de lo diverso para dar sentido pleno. Trastocan el sentido y construyen bloques de sensorio activo fuera del equivaler generalizado y de la unidimensionalidad
a través de la musicalidad de verso a verso y esos saltos con incorporaciones de fragmentos de canciones o enhebrando coplas populares o citas de quién se escucha a sí mismo por encima en esa salmodia siempre cantando, generando un nuevo gusto por la vida, donde danza un mito Molinari descabalgando antiguos mitos. Alguien que quiere llegar al otro por los deshechos días entre nubes por el inconmensurable Atlántico, la vuelta de toda huída, un regreso al nido, al Sur. En los mezclados ríos de la sangre, el íntimo corazón de la vida, dice una totalidad en una cosmovisión de unidad. La naturaleza viviente en los sentimientos habita sus largos poemas, odas, construyendo formaciones de sentido y estado de cosas simplificando y expandiendo la complejidad de existencias de los mundos. Un carácter discursivo de expansión romántico, lírico, en todas las dimensiones que nos sacan y nos ponen en otro mundo, estadio. Esa es su conformación maquínica poniendo la nueva noción de escala. Es un ser polifónico infinito reconociendo un haber estado ahí dando el secreto del momento, instante fuera del tiempo, en las distintas velocidades que adquieren sus composiciones. Un drama y friso musical es su espacio de planeta, energía y su ángulo de vista, configuraciones que extrae y actualiza en una infinidad de existencias posibles. En su doble enunciación una finita y la otra infinita incorporal, colmando su campo territorial, voz-palabra, sustancia-esencia. Allí cabalga el poema Molinariano. El que exploró distintas formas de escritura en un avance hacia su expresión. Las odas, las elegías, sonetos. La prosa poética. Siempre siguiendo al zorzal que llama al dulce tiempo y silba transparente para mirar donde el ayer y el hoy se miran las cadenas. Esas cadenas que liberó de su vida y transitó como un esclavo más que se escapó. Su casa siempre fue la poesía y salía
de ella solo para ver y para traer por las noches el material de su escritura.