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viernes, 11 de enero de 2019

EN EL ATELIER DE UN PINTOR- Yves Bonnefoy- Traducción Pablo Queralt.





 En el atelier de un pintor at the very witching time of night. Avanzando en la noche que puedo hacer mejor que arriesgarme aun más, caminar después de deslizarme caminando sobre los reflejos de la luna sobre una piedra pulida hasta este amigo pintor que trabajó todo el día?

Tanteando encontré la segunda puerta, la empujé de par en par, entré. La oscuridad es casi total, yo no distingo que una pared muy áspera al alcance de mi mano a mi derecha parece elevarse infinitamente a lo alto hacia un posible cielo uno de aquellos mundos de aquí ya que es tan sin estrellas. Toco esta pared, me recuesto contra él, él me ayuda a seguir adelante: con precaución, como debería, entonces sé que el taller esta muy lleno de estorbos, caballetes, cuadros, potes de pintura dejadas abiertas en el piso. Y también aquí y allá los montones informes de lino húmedo.

Pero que eso que me lastima? Está vivo, siento bajo mi mano un lomo de lana suficientemente alta. Y tuve que asustarla a esta oveja porque esta dando un salto a un lado con un balido que en esta oscuridad arroja alarma: por todos lados hasta muy lejos un pisoteo que supongo empujando, bramando esta vez, rebuznando, un grito que a veces es escalofriante, agudo, del simple y triste rumor de todas esas vidas invisibles. Mi amigo el pintor serías un retratista? Si puedo encontrar un interruptor alumbrar, ir y ver estas cabezas paradas delante de mí, no, estos hocicos, grandes orejas erguidas, ojos innumerables fijos sobre mi con este miedo incesante y este asombro de no entender
que son la parte de la vida?

Sí, pero donde está ella, esta luz? me siento sobre la arena o me hundo en el agua tibia de las olas de la rompiente cerca de mí : los escucho, respiro el olor …escucho la mano, en la pared. Es una mesa, esta, con lápices, hojas? No, no. 



Pintor, tenías ayer gestos tan precavidos para no dejar que el mundo envejezca! Mirando directamente al color, cortando el azul, el verde, una gran tijera lleva en la vida, la muerte, el deseo, la infancia. Haciendo que se eleven toda clase de días entre las hojas, y que cada vez eso fuera inesperado, tranquilizador, hermoso. Ah pintor, amigo mío, tu bien existes! La prueba, este abrigo quizá negro, manto de tinta, silencioso, infinitamente duro, cemento tal vez, que toco sin ver nada en este perchero cerca del cual  me quedé, en la puerta todavía.    





Y aquí lo que ha pasado a mi lado, son dos hombres. Uno le dice al otro:  “the air bites shrewdly, it is very cold”. En cuanto se abre la puerta de par en par, los dos salen riendo, y eso es por un instante un rayo de luna, estrecho pero lo suficiente brillante como para  ver, allá abajo, en el centro del estudio de tu búsqueda sin fin. Donde estamos? En las murallas. Estas cerca de uno de los grandes creneles, también sentado contra la piedra, tus ojos vuelven a ese cielo decididamente sin estrellas. Y tienes delante de ti, tienes en tus manos hojas cuya sangre fluye, es una cara aun, la de un Dios, un gran sufrimiento que respetas. Pero que estas hacías tu?


No hubiera sabido, desde este umbral donde estaba, pero resulta que estoy también muy cerca de ti, mi amigo, y veo que eres inmenso, una especie de jardinero, y que te comprometes a correr un agua -es verde azul y amarillo ocre y negro también, y rojo, un rojo del cielo del atardecer- en los pliegues movedizos de un campo del comienzo del mundo. Un agua que ha llegado desde infinitamente lejos para rejuvenecer este suelo que ha sido arado. Ya crecen las plantas que ni tú ni yo hubiéramos sabido ayer. Y la oveja que me había golpeado, aquí está. Su cabeza busca mi mano y ella tiembla, por supuesto esta preguntando, como cualquier petición en esta tierra.



Detrás de este atelier hay un gran jardín, o parque, con árboles de otro sector y viejos caminos que no terminan en ninguna parte. En un punto llegué a una especie de kiosco.   Entras, tres pasos, es pequeño, solo una habitación con una mesa donde una vez se abandonó un rollo de cuerda.  El rollo esta deshecho, un extremo de la cuerda cuelga del suelo, casi lo toca.










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