viernes, 14 de febrero de 2020

EN EL OTRO BAÚL. Y Bonnefoy. Traducción Pablo Queralt. 




- Y en el otro baúl?

- En el otro baúl? Nada.

- Estaba vacío?

- No, las cartas, los paquetes de cartas atados por elásticos, que estaban rotas, todo se mezclaba, se deshacía, y todo quedó allí, tarjetas postales, cuantas imágenes de estaciones  u hoteles de ciudad, o de un viaducto impreso en gris o vagamente azulado o sepia en cartón ahora amarillento, donde también veía estas cinco o seis palabras tan a menudo, los mismos escritos diagonalmente en el lado que llevaba la dirección! Oh, créeme no estaba leyendo, estaba zambullendo mis manos en esta masa desordenada, estaba revolviendo este papel que hizo un ruido que me encantó, entro en esas fotografías, con viejos hombres con corbata, muy apuestos, mujeres en moño tímidamente sonrientes, con el corpiño con un hermoso espíritu santo, en su montura plateada. Y allí, a veces también toqué una mano que aún estaba viva, y ella se estaba cerrando en mis dedos, muy rápido, ella estaba tirando, estaba tratando de atraerme, en su noche, pero me resistí, tu de todo eso bien dudabas mientras yo tiraba en otro sentido, hacia arriba, hacia mi, y pronto no buscó más de retenerme, ella se estaba disipando en estos escritos pálidos, apretados, y no se dejó de oír un sollozo.       


Esa mujer, quién era ella?

Era una mujer, sin duda ya que yo cuando me levanté de ese otro baúl, sobre el marco bajo, en el calor pleno de pequeños granos de polvo, yo allí veía nada más que por un instante sentada detrás de uno sobre un pequeño banco. Una vieja mujer, era. Ella no miraba nada, ni se movía. Yo diría era una ilusión. 


Quién es ella? Sigo insistiendo.

Ella se llamaba Petronila. Una de nuestras antiguas tía- abuelas de uno de esos pueblos lejanos al fondo sobre la meseta. Ella dirigía una tienda de ramos generales. Ella vendía allí bacalao seco, los Biscuits en grandes cajas de lata, agujas y tijeras, hilos de todos los colores, y ovillos de lana. Asimismo, ella exhibía suspendida debajo del techo juguetes, donde la mayoría de los viajantes de comercio allí pasaban a veces, en ese extremo de mundo, en el insoportable calor. Trompos de lata, rojos o amarillos. Las imitaciones de violines.



-     Cállate!
-         Tu bien sabes que nunca he dejado de callarme.


Yo moriré con mi secreto. La mano que esta por debajo de las palabras me lleva sobre su noche, y tu no sabrás, amigos míos que me reclamen esos sollozos, esos gritos, esas exclamaciones de espanto, de dolor, que yo escuchaba en la noche en la casa vacía. 










sábado, 25 de enero de 2020

LA TAREA DEL TRADUCTOR. Y. Bonnefoy. Traducción Pablo Queralt.




Traducir? El joven traductor se zambulle. Esas son las palabras apropiadas para decir que él permanece joven y que esa pagina bajo su mirada representa un océano de agua cerrada. Los soles cubren con muchas chispas diminutas, casi alegres, la ligeramente encrespada superficie, pero él sabe, que allí debajo esta el abismo: al comienzo un verde, un verde azulado, no puede ser más oscuro, llegando pronto al negro.


Se zambulló. Y alrededor de él de repente aparece una tenue claridad vaga en diversos lugares desde los cuales percibe lo que parecen vidas. Que es lo que esta delante de él?
Él esta nadando en esa dirección, él observa: eso es esférico, se agita como una vibración, una luz pálida esta dentro, es una bombilla vieja que delimita desde arriba una mesa cargada de libros?  De hecho es un estudiante que esta sentado allí, con la frente en sus cuadernos, los brazos alrededor de la cabeza. Parece dormido. Bien cerradas las ventanas de su habitación, pero el agua del exterior golpea furiosamente contra sus cristales. Que silencio!

Se desplaza, con un movimiento suave de los brazos alejándose de esta medusa.


 Y este otro, un poco menos brillante? Pero es el mismo joven!  Grita, lucha, intenta liberarse de dos secuaces siniestros que lo maltrataran, que lo llevan, esta claro, donde?   Rosencrantz y Guildestern obviamente.


Así, a distintas distancias, estas existencias, estos fuegos. Debería aceptarlas como cosas vivas, estas medusas, diría yo, pulpos, inmóviles, una de sus miradas filtrándose bajo alguno de sus parpados, donde puedo reconocer bellas nubes detenidas en el cielo de allí abajo con colores increíbles ni de las mañanas ni de las noches? Quizás no son más que palabras, de lo que se piensa? Nada más que grupos de imágenes privadas de sentido, pero que ni la memoria ni la voluntad disipan? Nudos de humo que hacen espirales en el agua ahora que es mucho más azul que verde, bóvedas que el nadador no ve por encima de él cuando, sigilosamente desciende, busca.

Mi hijo donde estas? No te escondas!

Difícil en efecto la traducción. No se sabe si tenemos derecho a imaginar.

Y todavía hundido, se hunde aún más lejos, más abajo, aun más abajo el traductor.  Más raras y menos luminosas se hacen estas vidas del abismo, que él no sabe si están dotadas o no de conciencia. Polonio pasa corriendo sin aliento, jadeando, es demasiado para este hombre gordo, se caerá, donde tendrá derecho a creer en una playa de arena negra frente a una aurora ahogada en las brumas.   


Desciende si, por sacudidas. Con todos sus ojos cuestiona a la inmensidad de la noche. Qué hacer con esta palabra por ejemplo en esta oración? Tiene un ritmo, lo creí del inglés, y puede ser,  pero esa palabra, no, no es inglés, no es de ningún idioma conocido, de ninguno de este mundo. En este verso de Shakespeare esta el silencio, para brillar vagamente como lo hacen las piedras.


Desciende. Se necesitan años para no dejar de ver uno de esos seres, si esa es la palabra para decirlo.

El traductor entiende que nunca alcanzará el suelo que ha soñado. Confiesa que nunca finalmente, encuentra bajo su pie algo de arena clara, no se recuperará, sus ojos llenos de luz. Hubiera sido hermoso, y reconfortante, beneficioso, tocar con sus manos el gran naufragio! Ella está rota allí. Nada queda en pie de los enormes mástiles. Cofres de libros abiertos, las hojas permanecen todavía colgando alrededor, no, ni siquiera.  Una frase pintada en la proa sería sin embargo visible. La haríamos emerger de la noche, mediante la antorcha eléctrica que se ha conservado para este gran momento, se podría soñar con traducirlo a algún otro idioma hablado en otra parte, o en ninguna parte, que esta en lo más profundo de cada uno de nosotros.    







EL AMANECER DE LOS TIEMPOS Traducción Pablo Queralt.



Yo vuelvo a la casa de hace mucho tiempo. Y grande es mi entusiasmo de descubrir que las habitaciones son más grandes que en mi memoria y que es verdad, sobretodo, que la escalera estaba en un rincón de mi memoria, pues yo amaba transitarla cada mañana desde lo alto de nuestro primer piso. Yo iba a sentarme sobre algunos de sus escalones en la medialuz que venía por el espacioso zaguán del vestíbulo. Yo de eso disfrutaba también la frescura en las horas más calurosas, y una vez yo allí me caí, mi padre asustado gritó y me tomó en sus brazos. 

Pero ya no recordaba más que esas caminatas fueron tan largas y tan profundas, sobre maciza piedra gris, ni que su prolongación continuara tan majestuosa hasta este desván donde por lo tanto yo me quedaba tan frecuentemente, para las lecturas. No se va al desván, en casas comunes. Yo comprendo en el presente que esta casa no es de este mundo, que fue diseñada anteriormente a él, en otra parte, y veo a estos seres de la  antiguedad agrupados alrededor de una mesa con planos y mapas bajo sus ojos, inmensos horizontes de largas colinas de piedra caliza. Ellos se  miran pensativamente. Uno de ellos coloca el dedo sobre el plano, donde dos niños, pequeño niño y pequeña niña, sentados al pie de la escalera, pelean por un objeto que es difícil de distinguir, en esta vieja fotografía. Es un pequeño animal, eso que tenían en sus brazos? Una pequeña vida con movimientos bruscos, gritos débiles, y que era parte del cuerpo de uno o del otro, o de los dos, o toda un retazo del cielo estrellado que aún no se había borrado, esta mañana a la luz cada vez mas intensa del día de verano? Yo no sé que tienen ellos allí, y que ellos dejaban escapar, pero yo los veo que suben por la escalera, ahora tomados de mano en mano todavía.



Y es también que yo no he olvidado que ese desván, estrecho oprimente, caluroso, con fragancia, suelo de tablas mal unidas, tenía largos años, era el lugar del fin de la vida de arcones que quedaban abiertos por que desbordaban de viejos libros y de revistas. Muchos de ellos estaban en habitual desorden, pero yo encontré entre ellos aquellos titulados Lo sé todo, enciclopedia mundial ilustrada, con una página de cobertura de un pequeño hombre vestido de negro, cuya cabeza era el globo terráqueo.  
De un dedo, que aterrorizaba! El se toca la frente, los ojos perdidos en su sueño. De rodillas, delante de un baúl, yo paso las horas leyendo, Lo sé todo, contemplando de lejos litografías de carbonilla de ríos de la Polinesia, con bellos seres, semidesnudos sobre las arenas, donde me aterrorizaban habitaciones mal iluminadas por esparcidas lámparas de aceite dentro de la ronda de claridad en las que se exhibían abominables cabezas de las que jamás habría sabido.  



viernes, 10 de enero de 2020

EN EL ATELIER DE UN PINTOR. Yves Bonnefoy traducción Pablo Queralt. 



Estoy en el atelier de un pintor en el momento más expectante de la noche. Tan avanzada la noche ¿que puedo hacer mejor que arriesgarme aun más, caminar después de ir deslizándome con los reflejos de la luna como sobre una piedra pulida hasta este amigo pintor que trabajó todo el día?

Tanteando encontré la segunda puerta, la empujé de par en par, entré. Allí la oscuridad es casi total, yo no distingo más que vagamente una pared muy áspera a mi derecha, al alcance de mi mano, parece elevarse infinitamente a lo alto hacia un posible cielo de uno de aquellos mundos de aquí como hay tantos sin estrellas. Toco esa pared, me recuesto contra ella, me ayuda a avanzar: con precaución, como se debe, entonces, debido a que yo sé que el atelier esta  abarrotado de mesas, caballetes, cuadros, potes de pintura dejados abiertos en el piso. Y también aquí y allá los montones informes de lino húmedo.

Pero que eso que me choca? Está vivo, siento bajo mi mano un lomo de lana suficientemente alto. Y tuve que asustarla a esta oveja porque hizo un salto al costado mío con un balido que en esta oscuridad provocó alarma: por todos lados y hasta muy lejos percibo un retumbar en el cuál yo sentí ser atropellado, esta vez con bramidos, rebuznando, un grito que se destacaba a veces muy agudo, del simple y triste rumor de todas esas vidas invisibles. Mi amigo, el pintor, serías un retratista? Si puediera encontrar un interruptor y alumbrar, ir y ver estas cabezas paradas delante de mí, no, estos hocicos, grandes orejas erguidas, ojos innumerables que me miran firmemente con ese miedo incesante y ese asombro de no entender que son una parte de la vida?

Sí, pero donde está ella, esta luz? Yo siento que estoy sobre la arena, donde se abate el agua tibia de las olas que se rompen, todas cerca de mí : las escucho, respiro el olor …extiendo la mano, sobre el muro. Es esto una mesa, con lápices, y hojas? No, no. 



Pintor, tenías ayer gestos tan precavidos para no dejar que el mundo envejezca! Mirando directamente al color, cortando el azul, el verde, con grandes tijeras que lleva la vida, la muerte, el deseo, la infancia. Haciendo que se eleven toda clase de días entre las hojas, y que en cada vez eso fuera inesperado, tranquilizador, hermoso. Ah pintor, amigo mío, por suerte existes! La prueba, este abrigo quizá negro, manto de tinta, silencioso, infinitamente duro, cemento tal vez, que toco sin ver nada en este perchero cerca del cual  me quedé, en la puerta todavía.    





Y aquí lo que ha pasado a mi lado, son dos hombres. Uno le dice al otro:  “the air bites shrewdly, it is very cold”. En cuanto se abre la puerta de par en par, los dos salen riendo, y eso es por un instante un rayo de luna, estrecho pero lo suficiente brillante como para  ver, allá abajo, en el centro del estudio en tu búsqueda sin fin. Donde estamos? En las murallas. Estas cerca de uno de los grandes creneles, también sentado contra la piedra, tus ojos vuelven a ese cielo decididamente sin estrellas. Y delante de ti, tienes en tus manos hojas cuya sangre fluye, se distingue una cara aun, la de un Dios, con un gran sufrimiento que respetas. Pero que hacías tu?


No hubiera sabido, desde este umbral donde estaba, pero resulta que estoy también muy cerca de ti, mi amigo, y veo que eres inmenso, una especie de jardinero, y que te comprometes a hacer correr el agua -es verde azul y amarillo ocre y negro también, y rojo, un rojo del cielo del atardecer- en los pliegues movedizos de un campo del comienzo del mundo. Agua que ha llegado desde infinitamente lejos para rejuvenecer este suelo que ha sido arado. Ya crecen las plantas que ni tú ni yo hubiéramos imaginado ayer. Y la oveja que me había golpeado, aquí está. Su cabeza busca mi mano y ella tiembla, por supuesto esta preguntando, como cualquier petición en esta tierra.



Detrás de este atelier hay un gran jardín, o parque, con árboles de otro sector y sus viejos caminos que no terminan en ninguna parte. En un punto llegué a una especie de kiosco.   Se entra allí, en tres pasos, es pequeño, hasta una habitación con una mesa donde una vez se abandonó un rollo de cuerda.  El rollo esta deshecho, un extremo de la cuerda cuelga hasta el suelo, casi lo toca.








viernes, 20 de diciembre de 2019

Alfredo Fressia. Testimonio del cuerpo en el tiempo. La voz exquisita. Por Pablo Queralt.



Que es lo que nace del eclipse, hecho de tiempo, tal vez huevo, ostra? Tal vez como un profeta o visionario al que el astro no lo hiere, Alfredo Fressia nos da su respuesta. En una atmósfera de matinée que solo los poetas recuerdan con aquello que pronunció el alma. Aquello  que el pensamiento le dice, Fressia lo hace poema con finas palabras y fluidas, es que su boca echa versos, silencios, espacios, burbujas siguiendo las sombras del misterio, aquello fundamental en el ser, en la vida todo lo que entre cielo y tierra nos hace y define al poeta  en su forma de abordarlo.
Titiritero aleo, de feria en feria con lo poco que haya, canta su poema de agua viva. Su escarnio, su deshora, lo que brota por sus ojos es materia, máquina que fogonea ese aire que acariciamos, lo que se busca sin encontrarse, la resaca amarga del último poema, el mismo que tarde o temprano muere y nace para emerger en el trepidar del polvo del camino. El mismo que trae el anuncio del sol para sacarnos de ser otra vez fantasmas sin bordes bajo la penumbra de años perdidos. Así nos vemos de reojo en el espejo o por el ojo de la cerradura, allí donde estuvimos alguna vez o Alfredo nos invita a estar. Para salir por la calle cantando su canción, así sin quererlo como esas cosas que nunca hacemos dejamos de estar pasados para ser fruto y flor, poema. Allí Plinio, Nicias, Ovidio, Herodoto, Virgilio contra todos los que nos arruinaron la patria y la hicieron una película vieja donde todas las cosas parecieron bañarse en un vapor oscuro. Es el poeta en su Edén, que son sus palabras, sus versos, sus silencios cubriendo la hoja en blanco y allí su medida como los grandes poetas hacen: meterse con los grandes temas universales, aquellos de los cuales el ser humano no puede escapar cuando se enfrenta en su propio espejo y se hace esas preguntas fundamentales y de las cuales los poetas de su talla salen victoriosos. 
Esta allí lo que zumba en la orbita nocturna, lo que retumba antes de la huída, el secreto revelado, siempre  primero a sí mismo tal como decía William Carlos Williams. Hace territorio existencial de las pequeñas grandes cosas, las que existen para resistir como los preciosos tamariscos de las playas de Montevideo, que el viento curva pero no los arranca, como las páginas de sus poemas que hacen de un espacio estético: efusión cósmica.
Así Fressia va encabalgando versos en su gusto por las formas métricas( La mar en medio- ed Civiles Iletrados) construyendo entidades indisolubles cuerpo-mente-alma haciendo sentido, compás interior de aquello que danza fuera del espacio- tiempo. En sus enunciaciones, sus iniciaciones elabora bellas y eficientes formas plásticas : Fue en Praga allá por el otoño…..digo “je l’aime encore”, en voz alta y me río solo mientras dos muchachos se vuelven para mirar a un viejo que ríe sin motivos, allí se cristalizan subjetividades que se conjugan, complementan en alianzas de juego, miradas. Quien habla solo espera hablar con Dios un día, dice Antonio Machado, en su soliloquio, Alfredo Fressia nos cuenta que llegó a un país congelado que nunca estuvo en el Edén, entre golpes y mentiras se dice a sí mismo “abandona esa poesía y cuídate esa tos de perro y de ti mismo y de las cóleras en frío”. Sus presentimientos hechos ecos del camino que bordea siempre un abismo, el que nos sigue como un perro, como nuestra propia sombra, empilchados en la penumbra de un mar infinito donde navega el viscoso animal en  mi poema. Todo se escurre por el adoquinado, a la manera de Cage sabe que el silencio es música, esa que habita ente palabra y palabra de sus poemas, ese fulgor aureo de ese niño en la elipsis que duerme en la almohada que es ese sueño que nos saca de esta realidad, que es solo pasar de un sueño a otro, o simplemente un remate a la manera de Calderón “La vida es sueño y los sueños, sueños son”.   







Sus preguntas con sus finos estiletes al corazón ¿amaste a tu mujer? ¿para que te crearon? ¿no sabía tu padre que no resistirías? ¿comiste con codicia los frutos del pecado? Como una nostalgia, sin esperar respuestas, siempre risueño canta su romanza, sus sueños, Alfredo el exquisito entre verdades y chismes, el primer humillado y siempre, siempre, siempre el último a nacer.  Se está solo, se está en pecado, materia de versos. Esta vida frágil de un tiempo de rosas perfumadita de veraz: Donde puedo ver la muerte peinando sus muñecas. Corazón si sabes que no sos un reloj, oigo del efluvio que dejan sus palabras. En ellas siempre palpita un aria de ópera, o también un tango de Discépolo oigo en sus versos, o más que un lamento, un rumiar, un despertar en las entrañas de la vida donde nos desvalijan, donde oiremos, pero siempre ignoraremos las respuestas y diremos ahí va el que Nació bajo un eclipse…y al fin reunió en la aurora a sus espectros.
Uno de los grandes poetas actuales Alfredo Fressia, salud.

Algunos de sus libros:
La mar en Medio-Editorial Civiles Iletrados.
Poeta en el Edén- Editorial Civiles Iletrados y Lisboa.

Eclipse- Editorial Melón 2013.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Anne Carson. Que significa no querer desear. Por Pablo Queralt.



No sabemos quién es Anne Carson pero si podemos saber quién es en la página en blanco que ella completa. Las escenas que monta, en esa luz que posa sobre las palabras para resaltar objetos, situaciones como un cuadro de Hopper. En ese “Vivir para ver” deja que los colores los ordene la naturaleza en su caosmia, el tono de la pulsión lo pone ella, nos dice “Para que más” en su libro Hombres en sus horas libres. La observación, el punto desde donde lanza la mirada para reflejar la belleza de las cosas marcando su registro tan particular. Todo fluye en sus paginas  “los fines de semana largos y blancos” “ la vergüenza es un filo oxidado donde Deneuve…” y a su vez da su respuesta : “la característica primaria del dolor es su exigencia de explicación” en su poema Martes, y “polaridad significa sumar o restar” en el poema Barber shop.  Todo se desarrolla en esa blancura que se debate el tandem amor-odio, al fin el odio es un gran amor, es expansión lo opuesto al miedo que es retracción. En La belleza del marido un ensayo narrativo en 29 tangos dice “Su mano quitándose una marca de la cara era la cara de ella” en una maquinaria estética de gesto e inteligencia que da respuesta a lo que el alma necesita, nos saca de la desnudez de la imaginación y luego dice: “ Palabra que por la noche apareció en todas las paredes de mi vida inscribió sin explicación” engendrado un ser-ahí como diría Guattari. Palabra que se ancla como una voz en todas las intensidades del sentimiento para existir ahí y no pasar de largo. “Hay un primer plano de mí sumido en la desesperación” y en ese primer plano estamos todos, nos unifica su silencio de niños observando los colores en su noche. Vamos en su escritura, en los cristales que nos pone dejando nuestras propias muletas, para dejar de ser repulsivos aburridos para con nosotros mismos y escuchar definitivamente un lenguaje para ir a nuestra propia llamada. Algo que destruye el pensamiento, las palabras que nos acorralan. Conocer las leyes y cuando es necesario desoírlas, desaparecer del televisor y las cosas para leer lo que su mano quemada escribe sobre la naturaleza del fuego. Ese fuego que es vital, fundamental, la maquinaria estética que nos impulsa de palabra vacía a palabra llena, nos saca de la comodidad del sillón para hacer posible una recomposición de desterritorialización de nuestros propios campos incorporales. 






Tal vez Anne escriba para volver a ver escenas que se perdió de películas vistas, o para saber que significa no querer desear mientras pone el despertador sobre la mesa al lado de la cama, y en el espejo la mujer mira la garganta, los huesos de la garganta de una esposa.  


domingo, 1 de diciembre de 2019

José Kozer. “Inmemorial la cicatriz que dejó en el aire”. Por Pablo Queralt.





El poema en José Kozer es como su vivir, pasa de uno al otro estado sin el menor sobresalto, resalto, es un continuo fuera de la bipolaridad, léase alegría- tristeza, amor- odio, temerario- temeroso, para transitar por los cinco elementos a cada paso del día cumpliendo su mandala, como quién pasa del momento de la madre o del padre al del hijo- “mis hijas podrían respirar mi muerte en el polvo del camino, el polvo tendría que dejarse llevar por la brisa de la tarde”. Esta lo ácido, lo amargo, el dulce, lo salado, el picor, pasa por la madera que enciende el fuego o en la tierra prolifera árboles, esta el agua, el metal de los melancólicos esta todo en él y su poesía, todo lo vital da su registro del día completando el ciclo en uno. Cada vuelta con la minuciosidad en lo vivido, en el detalle como un medito- grama o grafía de expansión, disolviendo las categorías tiempo-espacio, ahí se mueve ese su sendero, su inspirar, expirar ese intercambio con las cosas como haría el tibetano. Un dejarse llevar a donde llevan las cosas que se le presentan y ahí su decisión su firmeza, ¿astucia? Elegir, para? Por que? Como? Donde? Son sus puntos cardinales las preguntas, no importan tanto las respuestas, él en el fondo tiene sus certezas: el té caliente, la fragancia de las hierbas, la puesta de un atardecer, las mínimas en las máximas estéticas esa es su maquina, bajar un cambio a la pulsión y que el yo sea manejado por uno. Allí arma sus conformaciones espaciales, lo postural, las formas plásticas, los sonidos, el ritmo del paseo, el oído prestado a lo natural que bordea o esta dentro de uno, lo que trasvasa, transmuta, atento a la existencia “ Y luego caminar: los brazos oscilan, se engolfan en las piernas, solo hay piernas rupestres invariables. La voluntad, natural; el esfuerzo imperceptible; moscas inaudibles; el cuerpo ajustado a la intemperie: a eso llama el Tao perfección (risas).En un primer espacio se aprende a respirar, beber. Caminar. Comer. Y -nada fácil- a defecar”. La palabra como soporte del sistema, la ruptura de ideas, es cuestión del instante ya que el presente ya se fugó “el viejo idioma está archivado en las aguas del Leteo el nuevo idioma a base de bisílabas anglosajonas. Manejan un vocabulario de unas mil doscientas palabras… que más se necesita? Estamos en un universo de lo bello y por lo tanto simple, verdadero, necesario. Como decía Ponge la belleza puede estar en un simple vaso de agua cuando el poema es la sed “Dio unas puntadas más al escarpín negro y las remató con un golpe fuerte de hilo. Planchó y almidonó todos los cuellos y puños…bebió una tisana, fregó la taza…tendió 12 años el lecho nupcial…sumergió las manos en todas las fuentes hondas en que sirviera frambuesas…. Y con esas manos desbandalló los periódicos… subió y bajó las escaleras paseando la victoria de los dedos índice y corazón...”.  Lo que implota, se elige, se rechaza, lo que va al costado, las transversalidades de la libido, el hundimiento de la territorialidad en otra territorialidad esa es  la cartografía del alma que avanza, un sinsaber en ese registro posible de la cotidianidad. Un mundo percibido. Una suma de cuerpos, componentes, la curvalidades posturales de la osamenta, el cuerpo aural, el biológico, el mental, el de los cambiantes pensamientos, todos juntos en el trabajo de estar ahí, en la instalación de un yo soy aquí-allá, una recomposición de carácter estético haciendo su constelación Kozer. Todos los elementos nos habitan, nos dice “aprender de la piedra tres lecciones:  imperturbabilidad…. Porosidad…. Monotonía.. en su poema Piedra inmaterial. 



Las formas de percibir y describir lo que los sentidos captan montado a una memoria sensitiva donde la imaginativa hace campo, donde moldea su pan, su momento de eucaristía, ese compartir lo que nos es dado y los mil colores y tonos de una voz que viene a completar universos incorporales llenados y vaciados en el devenir de un flujo de escritura, camino, pasos dados del que ve y es feliz en cada paso del trayecto del estar agradecido y bendecido por el aire, el sol y los elementos que se combinan para estar y poder  ser con.  “Nos vamos o regresamos no sabemos exactamente que es mucho todo esto no hay para qué alterarse : la forma de una isla es de configuración tautológica como el que dice aquí nací sobre el lomo de alguna palabra” .José Kozer escribe, respira, es en cada instante, busca la belleza de lo verdadero como algo esencial que ve en las cosas de su cotidianidad como leer, escribir, meditar en una unidad de atemporalidad llenando un territorio. “Los solsticios van y viene, me tumbo bajo una mata de guira, el reloj pulsera relumbra, estoy desnudo, todavía saboreo el café, la cucharada de azúcar prieta, iré a vivir a los hormigueros cuando estire, nada de vísceras complicadas la reencarnación...”. Es un diario de viaje sus cerca de 75 libros y de entendimiento y observación de un día feliz con ese afán de vivir vaciando la cabeza de la inmóvil condición más allá de la carne, una razón de ser y poner sus mil y un brazos para el transmutar, cambiar algo porque es necesario cambiar, vivir, mutar por ley vital, así creo que es su mirada sobre los astros.
Il miglior fabbro, decía Ezra Pound, podemos decir de José Kozer uno de los mejores artesanos de la palabra en nuestra lengua de hoy día.


Fragmentos de poemas utilizados de sus libros: La garza sin sombras, Un día feliz, Carece de causa, Un asterisco Polonia.