sábado, 4 de julio de 2020


Pescador. Alice Oswald. Traducción Pablo Queralt.




Otros miles de años
La luna madre de muchos ríos,
Creció joven de nuevo.
Le podría pasar a cualquiera
Cuyo ser se atenúa y ensancha
Como llevado por el viento.


Un hombre por ejemplo,
Sentado muy quieto en su red de huesos,
Sumergido en la vejez hasta los ojos,
Cuando la marea retrocede, sus brazos
Arrastrados a sus lados
tan huecos como cañas.


Otros miles de años,
Cada doce horas,
Cada vena del valle vuelve a llenar su jeringa
Al pensar en la luna:
La hierba del pantano eriza sus pelos
Y los árboles hablan con sombras en sus voces.

Un hombre por ejemplo
Sentado muy quieto en su red de huesos,
Sumergido en la vejez hasta los ojos,
Cuando la marea regresa corre
Persiguiendo el rayo de un salmón.
                                                                       

 Libro Un sonambulismo por el Severn. Ed faber and faber.


miércoles, 1 de julio de 2020


Mary Jo Bang. Extrañas criaturas cantarían canciones. Por Pablo Queralt.




La metáfora es la infancia siempre hacia allí nos remitimos, son nuestras primeras impresiones. El canto de esas criaturas que cuanto más nos alejamos nos son más extrañas o son nosotros mismos. Mira por la oscuridad cada sonido es un pensamiento golpeado por el hacha que derrumba el bosque. Para que se vea aquello primero que nos alucinó, iluminó. Un mundo hecho de almuerzos, cenas, de década en década, un pasar, viendo una película, esa batalla eterna de los lunes, martes ect ect. Imágenes apiladas donde ver los detalles de una vida y no hacer como si. Así abrir el corazón y dejar que el tonto ignorante se vaya. Ya el romance no será un juego para tontos al que nunca jugaste. Donde el corazón domina a la cabeza en todo lo que ve forzando un abismo creciente de estar enamorado, ese es el mar. Obertura? Preludio? Todo es una historia de amor y poder. Esa patria habita Mary Jo. Y si no tenemos más nada para hacer, no dejemos que el día se acabe entremos en sus versos, sus palabras algo nuevo vendrá hacia nosotros. Todavía hay muchas maravillas nos dice. Es su club sumergido en la oscuridad absoluta donde se huye o se busca poder decir la verdad, te amo, no te amo, como viviremos, y que haremos un final de palabras sin peso. Y la cama puede ser una autopista en una vida de camionero o simplemente volver a casa, escribir un guión de fotografías hermosas que están en la mente traduciendo la oscuridad en una ausencia lacerante. O llamar de noche al mono haber si había trepado a la palmera. Abrazarlo y llorar juntos. Esas pesadillas como la muerte que avanza en la imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo. Escenas que progresan, vividas, formadas por subducción en la nada que no se puede ver. Crear un estado de naturaleza, para achicar el pánico, que la vida fuera más fácil. Estamos volando a ciegas, estamos asustados, dice por que sabemos que una imagen nunca puede acostarse con el objeto que representa, ese sexo no puede ser divertido, no al menos en el arte. La vida es una burla, a simple vista somos humanos, lo humano y lo sensible, personajes jugando su juego, resbalando el pasado, la ficción se mueve desde la observación haciendo conciencia. El pie avanza, si, sin embargo hay raíces. Una narrativa poética devorando escenas, un tiro al blanco, constituyendo un territorio existencial, un bestiario de una poesía bestial de los pinguinos, elefantitos, pájaros que comerán cualquier cosa, el tractor anaranjado, el mantel de vinilo, las sillas, todo dando máquina a un flujo mitad-animal, mitad-hombre, mitad-objeto, constituyendo un territorio existencial. Los ojos se animalizan, son bestiales formas de captar la historia hacer la crónica, el izquierdo más preciso que el derecho, se personalizan, adquieren esas dimensiones.  El terror al próximo paso, un avanzar en el susurro, el altavoz, cuyo punto de inflexión es la adquisición de conciencia donde ya el reloj no avanza en un solo sentido, del que todo lo ha tocado, y es el viaje al fuera de tiempo-espacio,  lo brillante de la noche la distancia. Hacia allá vamos buscando su partitura en el fondo de esa profundidad sin fondo. El yo que une a uno mismo? Eso es vivir? Hacer conciencia y que no sea tarde para que nos demos cuenta, de lo que podría haber sido una casa.



El claroscuro del pinguino. Mary Jo Bang. kriller71ediciones. Traducción Patricio Grinberg y Aníbal Cristobo.

viernes, 5 de junio de 2020

Thom Gunn, un hombre que suda de noche ¿terrores nocturnos?
Por Pablo Queralt.



Escribir hasta romper el sueño y fundirse en un abrazo con la vida, algo que no nos limita, nos saca de la película para sentirnos ilimitados, ese camino transita Thom Gunn, con sus lucidas observaciones donde el ojo del poeta crea una nueva realidad. Lo que esta allí por verse. Una rugosidad del cuerpo, del cabello, de la piedra, todo pasa a ser elemento de conocimiento, reflexión, un saber que se va haciendo desde un sensible propio en cada poema, es la vida del poeta que nos cuenta su devenir. Nos cuenta del amor de ese de los viejos que no se sabe si es entusiasmo o pasión o acto reflejo. Nos va revelando un secreto del misterio a cada paso como decía William Carlos Williams acerca del poema. Saca sentido pleno de todo lo que observa, y ya no somos seres para cumplir sino para sentir, encontramos un nuevo gusto, una nueva ternura que marca su registro en nosotros. Relaciona la complejidad de distintas formas de existencia encontrando lo nouménico, lo particular el detalle que enamora en cada una de las cosas, las acciones, las gestualidades. Monta en sus poemas un teatralismo real con otro virtual, que va reinventando en sus intensidades discursivas. Distintos modos del ser captados en amigos, amigas, cuadros, el niño de la mano de su amigo el padre visto desde el autobus, el linyera, los rostros, los cuerpos los espacios vividos. Una dinámica que completa esa maquina de la sensación y la materia, con lo que allí esta. Siempre en un estado naciente como en la canción del sube y baja, el fresco de los niños en la plaza, en su juego, los detalles de las piernas al moverse en esa balanza, donde al bajar ninguno gana. Alegorías constantes en el ir y venir de sus poemas casi fotográficos algunos, la doble fotografía la del adentro y la del afuera. Las noches son oscuras y terminamos como empezamos.  Nuestras vidas son improvisaciones y en su templanza nos las muestra. Y los poemas los versos se encabalgan unos a otros construyendo una identidad colectiva y en esa conformación lo bello y el nuevo entender. Una especie de polifonía rizomática, territorializando un cuadro de Edward Hopper, minimalista pero con detalles alucinantes. Ese choque incesante con la realidad en escenas renovando el entendimiento con nuevas materias de entender fuera de la contaminación de lo obvio. Crea una modelización estética en su proceso artístico, transversalidades abstractas que dan un universo de consistencia. Su experiencia poética es a lo Francis Ponge , la de estar quieto en movimiento como en el autobús que esta en movimiento y uno quieto en el asiento viendo por la ventanilla cuanto pasa y en ese registro en relación al sentido interno deviene el poema. En toda acción por pequeña que fuere encuentra el poema, el secreteo, como el mismo Ponge decía: hasta un vaso de agua puede ser el mejor poema cuando uno tiene sed. Un hombre tiene sudores nocturnos en la cama y se levanta ante los desafíos del mundo en su piel y su cuerpo un escudo que no sabía roto con sus desgarros curados, ese  que creció mientras exploraba y ahora abraza a sus dolores, como si una vida fuera suficiente habilidad  y ternura para aprender a embellecer el cuerpo de una amiga muerta, al fin y al cabo es un esteticista ante todo.   



lunes, 1 de junio de 2020

PERAMBULANS IN NOCTEM.Y Bonnefoy. Traducción Pablo Queralt.



En la primera casa, estuvo esa copa posada allá abajo, fuera del tiempo, esos años bajo el cielo de entonces, todo tan rápido. Elevándose en montañas de humo de diversos colores que se disipan en la indiferencia de la luz. Tomo la copa con ambas manos, esos grandes muros gruesos, este río oscuro a lo lejos, estos caminos tortuosos en el cauce, yo la llevo, en esta noche, todavía de verano. Yo la voy a depositar a los pies de los dioses sonrientes, ellos mismos de piedra esperan arrodillados debajo de los álamos de la ribera?


No, yo voy allí con ella, esta oscuro, el sueño aflora, los álamos se diluyen, se decoloran, toqué con mis labios el brebaje que transporto, incluso lo bebí, vagué, y ahora son laderas cubiertas de hierba donde pastan los animales, donde el sol va a tocar el horizonte. Ya el pastor lleva sus cabras y sus ovejas al pequeño establo, que silencio, es una paz como yo no conocía sobre la tierra. Heme aquí, quedándome allí donde yo quisiera vivir, yo poso la copa en la hierba en un estrecho camino cubierto de piedras. Que sería de nuestra existencia al llegar ese torbellino con colores cambiantes, aquí en el invernadero cerrado entre los muros de nuestra nueva posada, por allí diseminadas a veces esféricas hasta muy lejos dentro de la fragancia de la lavanda salvaje.
Yo miro en esas fotografías esa segunda casa. Quienes son esos dioses que se aferran alrededor de ella? Tan lejos están ellos que yo los distingo apenas, al pie de los altos muros. Los árboles que ellos han plantado no son más que ligeros vapores en el cielo gris de esas fotos antiguas que nosotros sacamos, defectuosamente, adentro de una cubeta encontrada en una de las habitaciones.





Una nueva vez, pero hacia donde, yo llevo la copa y su humo! Yo he entrado a la casa, yo recorrí los divanes ahora desiertos. Todavía el olor del grano, todavía por las pequeñas ventanas abiertas para todo el cielo de las mañanas primaverales, de verano, y al lado de ellas la cama, la mesa. Debajo del altillo está el sótano que un dios de otro siglo había habitado. Ellos habían terminado por conseguir un hogar para ellos, habían atizado troncos a lo largo de la noche observando el fuego que se apagaba. La pared estaba ennegrecida por el hollín, eso fue lo que primero notamos cuando nosotros hubimos entrado en ese otro sueño.



Yo he tomado la copa con las dos manos, el humo de su profundidad se esparcía, ello me impedía ver donde iba, ahora en esa noche, y yo no sé por cuanto tiempo me sería posible llevarla, antes de tocar con las rodillas quizá a una mesa baja.










viernes, 22 de mayo de 2020

Mirada adentro. Li Young Lee. Por Pablo Queralt.




La infancia siempre esta presente en todo buen escritor. Algún detalle lo revela o sino también es el idioma del vivir o sobrevivir. Esa es su identidad la palabra en su mirada de mundo. Como una expansión de fotografías, ventanas, enseñanzas. Es él entre el deseo y el éxtasis buscando su refugio: ser feliz. Todas las caras que están del otro lado de la cara del reloj, esas que le enseñaron a no esperar a morir para decir cuantas cosas quise y no hice. Un padre, una madre, como una luz que se consume. Volver al patio, a los secretos, a los compañeros. Y si esto es un sueño de Dios y viene alguien a despertarlo?. Tal vez sean las noticias, un juego que todos juegan sin saberlo, tal vez. Li sigue su idioma familiar creando su mundo nuevo, a partir de lo dado. El mejor cielo esta acá en la tierra y es mejor vivirlo. Sin saber la primera ni la última página, ese es su libro, un discurrir, un modo de estar, ser ahí. Ocupa ese universo intemporal, y va por campos incorpóreos su máquina. Como si su escritura hubiese encontrado el lugar, su lugar. A partir de sus ojos arrancados al no podemos quedarnos aquí y no tenemos adonde ir. Ese deambular transita sus versos, un rescate, un andar por las orillas, todo eso que se alarga y ha de durar toda una vida. El tiempo es el país. En la primera oscuridad esta la primer luz. Es ese nuevo idioma que el padre le explica al hijo. Alguien que quiere cantar pero no sabe canciones, y sabrá si canta bien? Toda su música va en palabras que distribuye con sentido de sabiduría en la hoja. Es que alguien que ha perdido el lugar de origen... decía Sócrates cualquier cosa menos el exilio. En su máquina estética revela las distintas dimensiones de los sentidos y sensorios que van en un incesante movimiento artístico y de lo vivido. Esa experiencia en esferas de universos incorporales traducen una mirada, una forma de vivir. Materia, alma, cosa, hombre rimados en espacio- tiempo, en su misterio, en ese macrocosmos en el goce del pasaje al poema. Y el poema da la respuesta. Es la identidad del poeta. Hay una territorialización estética y de sustancia y esencia por encima de la realidad. En un ir hacia regiones no regidas, nos lleva su poesía, en ese desinterés que siente el alma por el espacio-tiempo. En la voz del viajero puede escucharse toda una vida por que al fin y al cabo hablar es no acertar, por eso cantemos si al fin “el hombre es un secreto que se ciega a sí mismo”. Y el principio de nuestro conocernos es el principio de la misma realidad. Si el mundo es oscuridad siempre encuentra un camino hacia otra mano, como su libro dando vuelta las sombras de la página como olas. 


Mirada adentro. Editorial Vaso Roto.  


miércoles, 20 de mayo de 2020

QUE BUENO. Yves Bonnefoy. Traducción Pablo Queralt.





Ah que bueno!


La lámpara pequeña que se me confió a la hora de dormir para encontrar el camino de mi cuarto a través de la sala muy concurrida que nosotros llamamos el salón. Un espacio totalmente sin luminosidad, cuando no había, como a veces, raramente, un rayo de luna sobre la cortina de la ventana del fondo. La puerta del comedor se cerró atrás mío, yo no tenía más para guiarme en la oscuridad que la frágil chispa curva en la cumbre de un cono de cobre. Larga, larga, avance en los pliegues de la noche, después de lo cuál yo puse la pequeña lámpara sobre un banco cerca de la cama y después me resigne a escuchar.

Y todas las demás esas latas de hierro delgado, esos cilindros con un borde ligeramente acanalado que se emplea para las cocciones lentas. Ellas contenían granos de café verde molidos en grueso. Allí se practicaban dos agujeros frente a frente en la base, se los rellenaba con el aserrín que el carpintero de la villa les dejaba a mis abuelos pobres, allí se introducía el fuego , no sé como, ese fuego se extendía largamente bajo las marmitas de fondo negro. Se dejaba al sol. El olor del aserrín caliente había invadido la cocina en sombras por una hora o dos, quedaba vacía. Y otras veces eso estaba en todas las partes, en las habitaciones, el olor envolvente del café, puesto al fuego en un hornillo equipado con una pequeña pala giratoria. Había para maniobrar una manija curva, apoyándose sobre el calor rojizo, que uno no sabe bien hoy día, esta noche, que no podré nunca más recordar la expresión.



Y todavía ese vacío bajo la gran escalera de piedra, un hueco donde  la altura era otra cara de algunos otros caminos. Se accedía allí al fondo del vestíbulo, entrando primeramente a un reducido ambiente sin luz, con nada más que coberturas descuidadas. Yo allí empujaba sin hacer ruido la puerta. El hueco sobre el lado derecho de ese pequeño ambiente, yo me arrodillaba, yo iluminaba con mi linterna de bolsillo. Viendo de esta manera por debajo, el camino no parecía más que una sola masa gris, groseramente tallada y de plata con lomas y cruces, pedregullos y cada tanto atravesando a los caminos algunas manchas negras que yo quería creer eran marcas que habían sido trazadas por un trapo empapado en alquitrán.



Sobre los caminos nada, ese sendero estaba vacío. Y el suelo allí parecía tierra removida mezclada con grava. Una araña se arriesgaba en esa extensión, yo la tomaba con la ayuda de una lámpara y ella se inmovilizaba un instante y después retomaba su camino.       

jueves, 7 de mayo de 2020

LA PUERTA BAJA Yves Bonnefoy. Traducción Pablo Queralt.





Ellos fueron expulsados, ellos han errado todo un día. Y ahora, en la hierba profusa de este extremo de mundo, allí delante de una grana casa, todo en la lejanía una granja que parece abandonada, todas sus persianas cerradas. Pero ves, allá en ese cobertizo, esa puerta baja casi abierta! Nosotros podemos forzarla y entrar. Baja la cabeza, quieres?


Una puerta? Por las ranuras de las maderas, ellos perciben árboles que son los mismos que aquí donde ellos dos se encuentran todavía, el mismo follaje frondoso casi bajo el mismo cielo; y si la puerta resiste bajo su empuje, es por que del otro lado ella es cubierta solo de malezas que son semejantes a aquellas que en el mundo que ellos dejan raspan sus piernas desnudas, sus rodillas.


Bien familiar para otros, esta puerta baja. Ello les recuerda su casa de infancia, y ese gran sector del extremo del jardín donde el anochecer cuando todo  se hace amenazante gris y oscuro, los amantes se refugian antes que se los llame para cenar. Había en ese jardín de atrás una pequeña casa dejada en ruinas, ellos se escondían ahí. Yo me deslizaba acercándome, y tu me seguías. Nosotros estábamos entonces en una sala muy baja, con un techo desfondado y una viga en estado a medio derrumbarse. Nosotros nos extendimos al sol, en la paja seca, perfumada.


Sea! Pero aquí la puerta franquea, esa puerta baja del último día. Ah eres tu? Has crecido! Se hace de noche de aquí en adelante, y esta cabeza que tu tienes toca el cielo estrellado, esas manos que tu tienes sujetando por todas las partes a las cosas extrañas en la noche, tus ojos que son de un color desconocido buscando los míos: y yo tengo miedo!
Tu te acercas a mí y me dices “Ven”. Y el nos hará caminar mucho tiempo, caminar tarde, en ese otro mundo, hará frío.


De uno al otro nos decimos, quién eres? Que nombre se guarda en el abismo? Que le quedará de brillo, un resto de hierro, piedra, en ese poco profundo arroyo, cerca del cuál nosotros oramos sobre la paja caliente en un escenario de otro siglo abandonado en la ruina.