martes, 18 de agosto de 2020

Madre. Alice Oswald. Traducción Pablo Queralt. 


 Estoy esperando a una lechuza común. 
Manteniendo intacta mi paciencia 
Para una criatura blanca mucho más tranquila 
 Hecha de puntales de cometa y cuchillos. 
Esperando un poder Apareciendo solo cuando esta la niebla en flor 
Y las arañas cierran todas las rutas hacia los campos. 
Con los dedos del anochecer que se flexionan lentamente 
Viniendo más lentamente, dolorosamente vivo. 
¡Fuera de alcance! Fuera de alcance! 
Ella trabajará su turno 
Como un mecánico que desengancha un auto de manera experta sin que parezca, 
Tirando de los cordones de sus alas 
Como dos velas rígidas ..) 
 Estoy esperando a una vieja reina deshilachada 
Para caminar hacia esa ventana: 
La que abrilla como la luna 
Pero caga en las paredes, 
Ella cuya casa no tiene libros o baño. 
La que mira a su hijo muerto 
Y nunca arregla 
Su ropa de cuna carcomida por ratas… 
Esperando a la madre trabajadora 
Posee esos huesos plumosos. 
Algún tipo de aversión a la luz 
Para enseñarme su mansedumbre.

sábado, 1 de agosto de 2020

El pasante. Alice Oswald. Traducción Pablo Queralt.




Esa noche esos postes de la cerca muy delgados
Luchaban por salir del barro otra vez
E inmediatamente comenzó la comida, hubo
Ese revoloteo de servilletas blancas de zancudos apresurándose



Estaba esa garceta vieja y doblada
Empujando y balanceando su cuchillo y tenedor
Y tantos lodazales mucosos
Tanta garganta suave chupando mis pies


Pensé ten cuidado esto es lodo profundo esto es
Boca pura tiene tales músculos labiales
Cuál succión de besos húmedos
Al más mínimo contacto se pega a tus manos


Ahí va ese playero común hasta su barbilla en
El plato hirviendo de papilla y
Toda la noche ese sonido de alimentación que se filtra
De humedad digiriendo pequeñeces




Y luego me arrastre sobre la hierba gris
Y todas esas vainas de comida viscosa estallan debajo de mi
Pensé saber de quién era la lengua
Pisando y bajo cuyo ojo cerrado








Cada zapato cada caparazón cada media
Cada hueso estará abarrotado.
Para mi malestar la comida seguía y seguía
Estaban esas colas de juncos


Sumergiendo sus pajitas en los muertos
Hubo una marea astuta que se lleno rápido
Pensé realmente que debía tener pies palmeados
Debería tener alas blancas para caminar acá.









jueves, 16 de julio de 2020

Ricardo Molinari un gran poeta. Por Pablo Queralt. 




El que se para frente al día ventoso de otoño que lo vio nacer y hoy a tantos años abandonado del tiempo le canta su oda. Ricardo Molinari es una oda escrita en las páginas de su vida y de todo aquello que interesa al escribiente, escritor. A través de su largo prolífico y copioso oficio nos encandila de imágenes, palabras a su antojo utilizadas creando campos de universos que enlazan con colores, incandescencias, claridades de aire,  días murmurantes donde descubre el brillo en lo sombrío. Es el que vuelve retorna para mirar y allí lo sentido, la sensación que rompe sobre lo observado como al pasar en el vagar por nubes y planicies. Y ese sueño que va con el aliento tiniebla del anhelar ligero y que en un suspiro de tanto estar consigo levanta el vuelo y es luz y muerte sin morir que lo lleva. Es admirable como construye y deconstuye a la vez adjetivando y dando potencia a lo que se dice, es una poesía de la fortaleza ante lo irredimible. La templanza lo lleva en una escritura del si y del no. Ardiente y callada sombra toma de mí, dice mis días idos, ansiosos días en su dueño. El lenguaje que maneja al escritor para crear un nuevo  idioma destruyendo, construyendo palabras que compiten, se empujan unas a otras y crean lo inesperado, lo fantástico y fantasmal. Dando un ritmo una maquina sensorial a un nuevo idioma hermético y paisajista como un friso del ser jugado en cada paso del que se aleja del sendero buscando la luz que su lírica le permite. Ese es su cuaderno, un contrapunto entre la voz y la palabra construyendo sentido para olvidar que vivió, es el neopathos de los griegos vuelto a su visión de vivir, a su Sur, entre cielos y atardeceres hace su periplo, su peris pathos. Dejando toda sucesión lineal avanzando en transposiciones se desplaza contemplando y siguiendo el curso de cielos y pájaros y eligiendo una palabra con otra para cambiar
el sentimiento como diría Manucho Mujica Lainez, o el curso del sentido y sentimiento.  Sus palabras pierden el anclaje a las leyes del correcto significado, significante y del control de lo estipulado y pasan a ser autónomas interdependientes de sus asociaciones como resultado de lo diverso para dar sentido pleno. Trastocan el sentido y construyen bloques de sensorio activo fuera del equivaler generalizado y de la unidimensionalidad
a través de la musicalidad de verso a verso y esos saltos con incorporaciones de fragmentos de canciones o enhebrando coplas populares o citas de quién se escucha a sí mismo por encima en esa salmodia siempre cantando, generando un nuevo gusto por la vida, donde danza un mito Molinari descabalgando antiguos mitos. Alguien que quiere llegar al otro por los deshechos días entre nubes por el inconmensurable Atlántico, la vuelta de toda huída, un regreso al nido, al Sur. En los mezclados ríos de la sangre, el íntimo corazón de la vida, dice una totalidad en una cosmovisión de unidad. La naturaleza viviente en los sentimientos habita sus largos poemas, odas, construyendo formaciones de sentido y estado de cosas simplificando y expandiendo la complejidad de existencias de los mundos. Un carácter discursivo de expansión romántico, lírico, en todas las dimensiones que nos sacan y nos ponen en otro mundo, estadio. Esa es su conformación maquínica poniendo la nueva noción de escala. Es un ser polifónico infinito reconociendo un haber estado ahí dando el secreto del momento, instante fuera del tiempo, en las distintas velocidades que adquieren sus composiciones. Un drama y friso musical es su espacio de planeta, energía y su ángulo de vista, configuraciones que extrae y actualiza en una infinidad de existencias posibles. En su doble enunciación una finita y la otra infinita incorporal, colmando su campo territorial, voz-palabra, sustancia-esencia. Allí cabalga el poema Molinariano. El que exploró distintas formas de escritura en un avance hacia su expresión. Las odas, las elegías, sonetos. La prosa poética. Siempre siguiendo al zorzal que llama al dulce tiempo y silba transparente para mirar donde el ayer y el hoy se miran las cadenas. Esas cadenas que liberó de su vida y transitó como un esclavo más que se escapó. Su casa siempre fue la poesía y salía
de ella solo para ver y para traer por las noches el material de su escritura.

sábado, 4 de julio de 2020


Pescador. Alice Oswald. Traducción Pablo Queralt.




Otros miles de años
La luna madre de muchos ríos,
Creció joven de nuevo.
Le podría pasar a cualquiera
Cuyo ser se atenúa y ensancha
Como llevado por el viento.


Un hombre por ejemplo,
Sentado muy quieto en su red de huesos,
Sumergido en la vejez hasta los ojos,
Cuando la marea retrocede, sus brazos
Arrastrados a sus lados
tan huecos como cañas.


Otros miles de años,
Cada doce horas,
Cada vena del valle vuelve a llenar su jeringa
Al pensar en la luna:
La hierba del pantano eriza sus pelos
Y los árboles hablan con sombras en sus voces.

Un hombre por ejemplo
Sentado muy quieto en su red de huesos,
Sumergido en la vejez hasta los ojos,
Cuando la marea regresa corre
Persiguiendo el rayo de un salmón.
                                                                       

 Libro Un sonambulismo por el Severn. Ed faber and faber.


miércoles, 1 de julio de 2020


Mary Jo Bang. Extrañas criaturas cantarían canciones. Por Pablo Queralt.




La metáfora es la infancia siempre hacia allí nos remitimos, son nuestras primeras impresiones. El canto de esas criaturas que cuanto más nos alejamos nos son más extrañas o son nosotros mismos. Mira por la oscuridad cada sonido es un pensamiento golpeado por el hacha que derrumba el bosque. Para que se vea aquello primero que nos alucinó, iluminó. Un mundo hecho de almuerzos, cenas, de década en década, un pasar, viendo una película, esa batalla eterna de los lunes, martes ect ect. Imágenes apiladas donde ver los detalles de una vida y no hacer como si. Así abrir el corazón y dejar que el tonto ignorante se vaya. Ya el romance no será un juego para tontos al que nunca jugaste. Donde el corazón domina a la cabeza en todo lo que ve forzando un abismo creciente de estar enamorado, ese es el mar. Obertura? Preludio? Todo es una historia de amor y poder. Esa patria habita Mary Jo. Y si no tenemos más nada para hacer, no dejemos que el día se acabe entremos en sus versos, sus palabras algo nuevo vendrá hacia nosotros. Todavía hay muchas maravillas nos dice. Es su club sumergido en la oscuridad absoluta donde se huye o se busca poder decir la verdad, te amo, no te amo, como viviremos, y que haremos un final de palabras sin peso. Y la cama puede ser una autopista en una vida de camionero o simplemente volver a casa, escribir un guión de fotografías hermosas que están en la mente traduciendo la oscuridad en una ausencia lacerante. O llamar de noche al mono haber si había trepado a la palmera. Abrazarlo y llorar juntos. Esas pesadillas como la muerte que avanza en la imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo. Escenas que progresan, vividas, formadas por subducción en la nada que no se puede ver. Crear un estado de naturaleza, para achicar el pánico, que la vida fuera más fácil. Estamos volando a ciegas, estamos asustados, dice por que sabemos que una imagen nunca puede acostarse con el objeto que representa, ese sexo no puede ser divertido, no al menos en el arte. La vida es una burla, a simple vista somos humanos, lo humano y lo sensible, personajes jugando su juego, resbalando el pasado, la ficción se mueve desde la observación haciendo conciencia. El pie avanza, si, sin embargo hay raíces. Una narrativa poética devorando escenas, un tiro al blanco, constituyendo un territorio existencial, un bestiario de una poesía bestial de los pinguinos, elefantitos, pájaros que comerán cualquier cosa, el tractor anaranjado, el mantel de vinilo, las sillas, todo dando máquina a un flujo mitad-animal, mitad-hombre, mitad-objeto, constituyendo un territorio existencial. Los ojos se animalizan, son bestiales formas de captar la historia hacer la crónica, el izquierdo más preciso que el derecho, se personalizan, adquieren esas dimensiones.  El terror al próximo paso, un avanzar en el susurro, el altavoz, cuyo punto de inflexión es la adquisición de conciencia donde ya el reloj no avanza en un solo sentido, del que todo lo ha tocado, y es el viaje al fuera de tiempo-espacio,  lo brillante de la noche la distancia. Hacia allá vamos buscando su partitura en el fondo de esa profundidad sin fondo. El yo que une a uno mismo? Eso es vivir? Hacer conciencia y que no sea tarde para que nos demos cuenta, de lo que podría haber sido una casa.



El claroscuro del pinguino. Mary Jo Bang. kriller71ediciones. Traducción Patricio Grinberg y Aníbal Cristobo.

viernes, 5 de junio de 2020

Thom Gunn, un hombre que suda de noche ¿terrores nocturnos?
Por Pablo Queralt.



Escribir hasta romper el sueño y fundirse en un abrazo con la vida, algo que no nos limita, nos saca de la película para sentirnos ilimitados, ese camino transita Thom Gunn, con sus lucidas observaciones donde el ojo del poeta crea una nueva realidad. Lo que esta allí por verse. Una rugosidad del cuerpo, del cabello, de la piedra, todo pasa a ser elemento de conocimiento, reflexión, un saber que se va haciendo desde un sensible propio en cada poema, es la vida del poeta que nos cuenta su devenir. Nos cuenta del amor de ese de los viejos que no se sabe si es entusiasmo o pasión o acto reflejo. Nos va revelando un secreto del misterio a cada paso como decía William Carlos Williams acerca del poema. Saca sentido pleno de todo lo que observa, y ya no somos seres para cumplir sino para sentir, encontramos un nuevo gusto, una nueva ternura que marca su registro en nosotros. Relaciona la complejidad de distintas formas de existencia encontrando lo nouménico, lo particular el detalle que enamora en cada una de las cosas, las acciones, las gestualidades. Monta en sus poemas un teatralismo real con otro virtual, que va reinventando en sus intensidades discursivas. Distintos modos del ser captados en amigos, amigas, cuadros, el niño de la mano de su amigo el padre visto desde el autobus, el linyera, los rostros, los cuerpos los espacios vividos. Una dinámica que completa esa maquina de la sensación y la materia, con lo que allí esta. Siempre en un estado naciente como en la canción del sube y baja, el fresco de los niños en la plaza, en su juego, los detalles de las piernas al moverse en esa balanza, donde al bajar ninguno gana. Alegorías constantes en el ir y venir de sus poemas casi fotográficos algunos, la doble fotografía la del adentro y la del afuera. Las noches son oscuras y terminamos como empezamos.  Nuestras vidas son improvisaciones y en su templanza nos las muestra. Y los poemas los versos se encabalgan unos a otros construyendo una identidad colectiva y en esa conformación lo bello y el nuevo entender. Una especie de polifonía rizomática, territorializando un cuadro de Edward Hopper, minimalista pero con detalles alucinantes. Ese choque incesante con la realidad en escenas renovando el entendimiento con nuevas materias de entender fuera de la contaminación de lo obvio. Crea una modelización estética en su proceso artístico, transversalidades abstractas que dan un universo de consistencia. Su experiencia poética es a lo Francis Ponge , la de estar quieto en movimiento como en el autobús que esta en movimiento y uno quieto en el asiento viendo por la ventanilla cuanto pasa y en ese registro en relación al sentido interno deviene el poema. En toda acción por pequeña que fuere encuentra el poema, el secreteo, como el mismo Ponge decía: hasta un vaso de agua puede ser el mejor poema cuando uno tiene sed. Un hombre tiene sudores nocturnos en la cama y se levanta ante los desafíos del mundo en su piel y su cuerpo un escudo que no sabía roto con sus desgarros curados, ese  que creció mientras exploraba y ahora abraza a sus dolores, como si una vida fuera suficiente habilidad  y ternura para aprender a embellecer el cuerpo de una amiga muerta, al fin y al cabo es un esteticista ante todo.   



lunes, 1 de junio de 2020

PERAMBULANS IN NOCTEM.Y Bonnefoy. Traducción Pablo Queralt.



En la primera casa, estuvo esa copa posada allá abajo, fuera del tiempo, esos años bajo el cielo de entonces, todo tan rápido. Elevándose en montañas de humo de diversos colores que se disipan en la indiferencia de la luz. Tomo la copa con ambas manos, esos grandes muros gruesos, este río oscuro a lo lejos, estos caminos tortuosos en el cauce, yo la llevo, en esta noche, todavía de verano. Yo la voy a depositar a los pies de los dioses sonrientes, ellos mismos de piedra esperan arrodillados debajo de los álamos de la ribera?


No, yo voy allí con ella, esta oscuro, el sueño aflora, los álamos se diluyen, se decoloran, toqué con mis labios el brebaje que transporto, incluso lo bebí, vagué, y ahora son laderas cubiertas de hierba donde pastan los animales, donde el sol va a tocar el horizonte. Ya el pastor lleva sus cabras y sus ovejas al pequeño establo, que silencio, es una paz como yo no conocía sobre la tierra. Heme aquí, quedándome allí donde yo quisiera vivir, yo poso la copa en la hierba en un estrecho camino cubierto de piedras. Que sería de nuestra existencia al llegar ese torbellino con colores cambiantes, aquí en el invernadero cerrado entre los muros de nuestra nueva posada, por allí diseminadas a veces esféricas hasta muy lejos dentro de la fragancia de la lavanda salvaje.
Yo miro en esas fotografías esa segunda casa. Quienes son esos dioses que se aferran alrededor de ella? Tan lejos están ellos que yo los distingo apenas, al pie de los altos muros. Los árboles que ellos han plantado no son más que ligeros vapores en el cielo gris de esas fotos antiguas que nosotros sacamos, defectuosamente, adentro de una cubeta encontrada en una de las habitaciones.





Una nueva vez, pero hacia donde, yo llevo la copa y su humo! Yo he entrado a la casa, yo recorrí los divanes ahora desiertos. Todavía el olor del grano, todavía por las pequeñas ventanas abiertas para todo el cielo de las mañanas primaverales, de verano, y al lado de ellas la cama, la mesa. Debajo del altillo está el sótano que un dios de otro siglo había habitado. Ellos habían terminado por conseguir un hogar para ellos, habían atizado troncos a lo largo de la noche observando el fuego que se apagaba. La pared estaba ennegrecida por el hollín, eso fue lo que primero notamos cuando nosotros hubimos entrado en ese otro sueño.



Yo he tomado la copa con las dos manos, el humo de su profundidad se esparcía, ello me impedía ver donde iba, ahora en esa noche, y yo no sé por cuanto tiempo me sería posible llevarla, antes de tocar con las rodillas quizá a una mesa baja.