jueves, 13 de agosto de 2026

Las palabras, el universo de la voz.

 


Existen como decía TS Elliot fugas de la personalidad en el texto que es lo que le da la voz el carácter propio al texto.

El desvanecimiento del yo en el texto, el yo ausente es una forma de trabajar la poesía.

De enigma a enigma, de sorpresa en sorpresa es el camino de la escritura que me parece más interesante, no podemos traspasar la mente puesto que necesitamos de ella para escribir, pero vamos y volvemos estamos en un terreno intermedio, un ida y vuelta, tomamos el material que recibimos de un lado en una orilla y la llevamos en los sentidos a la orilla de la mente que ordena en letras y silencios el poema.

El poema catch que va avanzando tomando cosas, cachando esto lo otro como perlas que se compran y se venden para no encariñarse.

Cuando volví después de largo tiempo a un texto o poema que tanto me gustó dije, como me pudo gustar y ahí descubrí era eso lo imperfecto lo que me gustó me sorprendió, es eso lo que gusta como la vida imperfecta, no armónica sino en adecuación en belleza a las cosas, la belleza de lo imperfecto, pero que cuando uno vuelve a lo lejos a un texto leído tanto tiempo atrás y recuerda el gusto que causó busca la perfección o algo más, no lo armónico que no nos gustaría. Y si no nos gusta tanto mejor por que el gusto es algo temporal. Solo dejando la mente el ser se expresa ve, vive. 

Hay que dejar el gusto para poder ver y leer y comprender lo que el escritor quiso hacer sino es todo me gusta, no me gusta y justamente al dejar lo que nos gusta nos permite viajar fluir por donde la escritura va y ahí podemos encontrar- encontrarnos con algo nuevo verdadero, aprendemos. Es necesario dejar toda estructura o preconceptos y el gusto para abordar la lectura de un poeta, sus poemas deben ser leídos como el único en ese momento, dedicado a ese universo de su voz para poder ser comprendido, observado.

 

 

 

 

 

 

 

 

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