Existen como decía TS
Elliot fugas de la personalidad en el texto que es lo que le da la voz el
carácter propio al texto.
El desvanecimiento
del yo en el texto, el yo ausente es una forma de trabajar la poesía.
De enigma a enigma,
de sorpresa en sorpresa es el camino de la escritura que me parece más
interesante, no podemos traspasar la mente puesto que necesitamos de ella para
escribir, pero vamos y volvemos estamos en un terreno intermedio, un ida y
vuelta, tomamos el material que recibimos de un lado en una orilla y la
llevamos en los sentidos a la orilla de la mente que ordena en letras y
silencios el poema.
El poema catch que va
avanzando tomando cosas, cachando esto lo otro como perlas que se compran y se
venden para no encariñarse.
Cuando volví después
de largo tiempo a un texto o poema que tanto me gustó dije, como me pudo gustar
y ahí descubrí era eso lo imperfecto lo que me gustó me sorprendió, es eso lo
que gusta como la vida imperfecta, no armónica sino en adecuación en belleza a
las cosas, la belleza de lo imperfecto, pero que cuando uno vuelve a lo lejos a
un texto leído tanto tiempo atrás y recuerda el gusto que causó busca la
perfección o algo más, no lo armónico que no nos gustaría. Y si no nos gusta
tanto mejor por que el gusto es algo temporal. Solo dejando la mente el ser se
expresa ve, vive.
Hay que dejar el
gusto para poder ver y leer y comprender lo que el escritor quiso hacer sino es
todo me gusta, no me gusta y justamente al dejar lo que nos gusta nos permite
viajar fluir por donde la escritura va y ahí podemos encontrar- encontrarnos
con algo nuevo verdadero, aprendemos. Es necesario dejar toda estructura o
preconceptos y el gusto para abordar la lectura de un poeta, sus poemas deben
ser leídos como el único en ese momento, dedicado a ese universo de su voz para
poder ser comprendido, observado.

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