domingo, 28 de octubre de 2018

Las palabras. El universo de la voz. Pablo Queralt.







La verdadera escritura es la que no se escribe la que capta el que la escribe es la esencia misma ya cuando se la trabaja en palabras deja de ser, es la mente ordenando lo que escribe el ser, una traducción de la escritura.


Las palabras en sí mismas no son nada, son útiles, herramientas para transmitir esa esencia, esa bruma que levantan en conjunción en esa interacción con el lector y escritura, en esa conjunción esta el poema, la esencia del poema lo otro es un objeto que puede ser lindo o feo, algo de la materia representada en palabras, frases, versos que no interesa a la poesía que es algo inmaterial que vibra en ese instante y por lo tanto eterno, ya que sale del orden tiempo-espacio.   
Las palabras son el sostén para la energía que habita en la poesía como  resultante de esa interacción de las palabras entre sí, de esa dirección intención que llevan en su combinación, unas con otras son el ladrillo de la casa inmaterial de ese flujo que brota por encima de ellas.
Las primeras palabras en el poema con su semilla de futuro que se van de la imaginación construyen pidiendo pista, van  naciendo después de un tiempo de espera y uno piensa en otras palabras anteriores y sus posibles resurrecciones. Camino sobre partituras con sus adoquines, calles entre los tonos verdes ocres, rozas con palabras como fotos guardadas en la superficie de un cuerpo extendido en esas calles, palabras que traen los sentidos al papel.  
Ese espacio liso donde organizar el caos e ir dando forma a una nueva composición por las fisuras de los sentidos a lo que fluye.
Palabras que rompen líneas van armando estructuras o sistemas arbóreos con ramificaciones donde cantan las imágenes que tejen el poema enlazadas en leves suturas, casi no visibles, poema de rupturas de varias líneas de pensamiento a la vez o en paralelo que se asocian, una esencia o motivo musical del poema. La técnica el cuidado del poema, cierta rima, musicalidad, tono, respiración del verso. Los esquemas una vez aprendidos están hechos para romperse, es necesario que la palabra sangre en el poema que deje su esencia que vaya soltando su perfume, su sabor que vibre. Que la palabra sea un sonido más y exprese el vacío de cada uno, no el texto, el libreto de la narración sino lo que calla y va haciendo la vida que copia el poema, esas palabras, ese silencio, un golpe de vista de algo que quedó y ni siquiera registramos, ese espacio cinematográfico del ritmo del poema.
La teatralidad de las palabras, esa harina que se amasa con el otro y pone en acción las escenas con movimientos visibles.
Ponge decía tomar partido por las cosas significa tener en cuenta las palabras por lo tanto elegir una u otra hacen al estilo y ponerse en un sitio como autor.
Las palabras, metáforas, imágenes no deben ser tomadas como valores únicos en sí mismos y propios de creación de belleza sino como estructuras  de construcción del poema o como ladrillos o bloques de hormigón en el armado en la obra, como elementos constitutivos del poema que pueden mezclarse, fragmentarse, intercalarse en otras construcciones independientemente de quién las creó, puesto que el que las vuelve a utilizar lo hace con otro fin distinto al que fue creado inicialmente, con otra idiosincrasia otra intención de decir. Son como símbolos, signos o como el sol, la luna, la lluvia, como elementos, convenciones comunes que nadie puede tomar como propios, son de todos, elementos útiles de construcción como ya lo hicieron otros como Ezra Pound, algunos beatniks Burroughs, Ferlingetthi, Ginsberg, Corso entre otros.

Libro inédito de ensayos Dicho al oído.





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