domingo, 6 de septiembre de 2020

Epiléptica. Alice Oswald. Traducción Pablo Queralt.




Todas las noches camino de esta forma
Los caminos del río lunar
Mirando con un ojo creciente
Los rifs y trapos de polillas.

Oh gentiles polillas que me siguen,
Les dejaré escuchar mi mente
Sobre cosas que se acercan
Y desaparecen como el viento.

Todas las noches corre el mar
Sobre un barrio pobre de arena.
Lleva toda la semana ver la marea
Y varios años para conocer el viento.

Puse mi pie sobre la hierba,
Pensé que era un sendero,
Pero primero suspiró y luego se hundió.
Yo desearía ser una polilla de alas blancas.


Desearía ser ese aleteo zumbido
Salida sobre las cañas temblorosas
Entre la brisa y yo
Es difícil decir cuál sería más ligero.









martes, 18 de agosto de 2020

Charles Kenneth Williams. Donde estoy en ese momento. Por Pablo Queralt.




El contraste y lo análogo entre naturaleza y ser humano es un relieve constante en la escritura que va desenvolviendo como un legado de conocer, en el como, cuando, donde, en el sinsentido el summum del yo, el poeta de New Jersey. Una construcción que se expande de verso a verso de una situación existencial presente encabalgadas en diversas variaciones rítmicas de la interacción mente-realidad, en un proceso creador que abre campos incorporales donde es testigo de lo que deviene interactuando con el ser que hace conciencia para saber la verdad, para dejar lo que mayormente somos esa memoria que pasa de futuro a pasado para experimentar el éxtasis de estar. Una luz encendida que guía al navegante, un amateur, un director improvisado, un Vivaldi que tiene y cree en la ternura, la locura y la cordura para dejar de crecer en simulacros como decía Unamuno, para escuchar la música que somos hasta completar la tristeza, la alegría y que todas las pasiones reposen en su plenitud máxima para dejar el sometimiento y cerrar el circulo. Y dejar esa fricción, especie de insistencia que se mueve dentro de uno o del que se mueve dentro de uno con algo que desea y  se le ha negado, algo que quiere ahora postergado, algo que absorbe demasiado tiempo emocional, y que es ira sobre ira. Esa doble oscuridad de la que habla. Y conoce la musculatura de su peligro, no es tanto el miedo a lo que suceda sino tal vez el deseo de que suceda. El que se ve a sí mismo y al mendigo como un par de átomos ínfimos, pasando uno al lado del otro o a través. Pintando la imagen del rizoma. La autentica naturaleza sensual.  
Eso que lo hace pensar siempre en el dolor con la sensación del último saludo, esa compañía para compartir todo lo bueno y lo malo que la vida le reservara y es un pasado finalizado, con la crudeza de un lamento. Un oboe practicando escalas entre la maraña de voces y la felicidad de haber conocido enteramente al otro, ese momento tan único, eso es amor. Le canta al miedo su canción rememora a Coleridge, creyendo que habrá cura para el corazón humano para remediar sus ansiedades, recelos, y el corazón metafórico acuchillado, diseccionado, en todas las ventanas del parpadeo de las televisiones con sus políticas del terror, guerra, miseria sin fin, encuentra una iridiscencia de otro mundo surgida del reverso de algún filamento para rescatarnos. Como un opúsculo la vida del protagonista es un hombre que vive trabaja, se casa tiene hijos, su casa hasta que viene la tempestad y se lleva todo hasta el árbol del cuál quedan colgados, le arrancan a su familia y es engullido por las voraces olas, llora por su vida y se va al fondo, se hunde.    
Y comprende en ese vasto mar-océano, en ese vislumbre como un dios donde se encuentra que todo lo vivido era ilusión, la realidad era eso desde
el principio, ese dios enorme como la nube de una tormenta o el mar sin límite.  
Y es en esa lucha por mantener la conciencia adquirida cuando uno es atrapado por no prestar atención y baja la vigilancia aturdido por todo lo que existe y la ansiedad, que es necesario sufrir para aprender y el tema es despierta ya.
Y la necesidad de exonerar experiencias de amor cuando rompen la cosmología de uno y lo que une las vidas reales entre sí, nos dice el autor. Liberarse de los vínculos por eso de que si te amo no te necesito, porque ya te amo. Y si estas, venís mejor pero sino también. Es imponente la formación de sentido de sus fragmentos de intensa prosa poética, el movimiento que pone en existencia una verdad o estado de las cosas. Nuevas líneas de sentido se prolongan y aúnan, y se va absorbiendo, digiriendo, se incorpora un mundo infinito cuando en ignorancia se corría riesgo de asfixia y precariedad. El espacio y el tiempo no son espacios neutros salvo cuando se alza la voz baja para rimarlos con los compases interiores, ahí toda la sabiduría que nos da Williams, nos muestra como dos enamorados contemplando la mutua felicidad, la pasión del uno por el otro.

 Sus libros Reparación, El canto han sido traducidos al español en ediciones Bartleby editores. Entre los reconocimientos que recibió figuran el premio del Fondo Nacional de las Artes, en 1985 y 1993. Fue finalista del Pulitzer en 1987 y lo ganó en el 2000. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura, en 2003, por “The Singing”.



Madre. Alice Oswald. Traducción Pablo Queralt. 


 Estoy esperando a una lechuza común. 
Manteniendo intacta mi paciencia 
Para una criatura blanca mucho más tranquila 
 Hecha de puntales de cometa y cuchillos. 
Esperando un poder Apareciendo solo cuando esta la niebla en flor 
Y las arañas cierran todas las rutas hacia los campos. 
Con los dedos del anochecer que se flexionan lentamente 
Viniendo más lentamente, dolorosamente vivo. 
¡Fuera de alcance! Fuera de alcance! 
Ella trabajará su turno 
Como un mecánico que desengancha un auto de manera experta sin que parezca, 
Tirando de los cordones de sus alas 
Como dos velas rígidas ..) 
 Estoy esperando a una vieja reina deshilachada 
Para caminar hacia esa ventana: 
La que abrilla como la luna 
Pero caga en las paredes, 
Ella cuya casa no tiene libros o baño. 
La que mira a su hijo muerto 
Y nunca arregla 
Su ropa de cuna carcomida por ratas… 
Esperando a la madre trabajadora 
Posee esos huesos plumosos. 
Algún tipo de aversión a la luz 
Para enseñarme su mansedumbre.

sábado, 1 de agosto de 2020

El pasante. Alice Oswald. Traducción Pablo Queralt.




Esa noche esos postes de la cerca muy delgados
Luchaban por salir del barro otra vez
E inmediatamente comenzó la comida, hubo
Ese revoloteo de servilletas blancas de zancudos apresurándose



Estaba esa garceta vieja y doblada
Empujando y balanceando su cuchillo y tenedor
Y tantos lodazales mucosos
Tanta garganta suave chupando mis pies


Pensé ten cuidado esto es lodo profundo esto es
Boca pura tiene tales músculos labiales
Cuál succión de besos húmedos
Al más mínimo contacto se pega a tus manos


Ahí va ese playero común hasta su barbilla en
El plato hirviendo de papilla y
Toda la noche ese sonido de alimentación que se filtra
De humedad digiriendo pequeñeces




Y luego me arrastre sobre la hierba gris
Y todas esas vainas de comida viscosa estallan debajo de mi
Pensé saber de quién era la lengua
Pisando y bajo cuyo ojo cerrado








Cada zapato cada caparazón cada media
Cada hueso estará abarrotado.
Para mi malestar la comida seguía y seguía
Estaban esas colas de juncos


Sumergiendo sus pajitas en los muertos
Hubo una marea astuta que se lleno rápido
Pensé realmente que debía tener pies palmeados
Debería tener alas blancas para caminar acá.









jueves, 16 de julio de 2020

Ricardo Molinari un gran poeta. Por Pablo Queralt. 




El que se para frente al día ventoso de otoño que lo vio nacer y hoy a tantos años abandonado del tiempo le canta su oda. Ricardo Molinari es una oda escrita en las páginas de su vida y de todo aquello que interesa al escribiente, escritor. A través de su largo prolífico y copioso oficio nos encandila de imágenes, palabras a su antojo utilizadas creando campos de universos que enlazan con colores, incandescencias, claridades de aire,  días murmurantes donde descubre el brillo en lo sombrío. Es el que vuelve retorna para mirar y allí lo sentido, la sensación que rompe sobre lo observado como al pasar en el vagar por nubes y planicies. Y ese sueño que va con el aliento tiniebla del anhelar ligero y que en un suspiro de tanto estar consigo levanta el vuelo y es luz y muerte sin morir que lo lleva. Es admirable como construye y deconstuye a la vez adjetivando y dando potencia a lo que se dice, es una poesía de la fortaleza ante lo irredimible. La templanza lo lleva en una escritura del si y del no. Ardiente y callada sombra toma de mí, dice mis días idos, ansiosos días en su dueño. El lenguaje que maneja al escritor para crear un nuevo  idioma destruyendo, construyendo palabras que compiten, se empujan unas a otras y crean lo inesperado, lo fantástico y fantasmal. Dando un ritmo una maquina sensorial a un nuevo idioma hermético y paisajista como un friso del ser jugado en cada paso del que se aleja del sendero buscando la luz que su lírica le permite. Ese es su cuaderno, un contrapunto entre la voz y la palabra construyendo sentido para olvidar que vivió, es el neopathos de los griegos vuelto a su visión de vivir, a su Sur, entre cielos y atardeceres hace su periplo, su peris pathos. Dejando toda sucesión lineal avanzando en transposiciones se desplaza contemplando y siguiendo el curso de cielos y pájaros y eligiendo una palabra con otra para cambiar
el sentimiento como diría Manucho Mujica Lainez, o el curso del sentido y sentimiento.  Sus palabras pierden el anclaje a las leyes del correcto significado, significante y del control de lo estipulado y pasan a ser autónomas interdependientes de sus asociaciones como resultado de lo diverso para dar sentido pleno. Trastocan el sentido y construyen bloques de sensorio activo fuera del equivaler generalizado y de la unidimensionalidad
a través de la musicalidad de verso a verso y esos saltos con incorporaciones de fragmentos de canciones o enhebrando coplas populares o citas de quién se escucha a sí mismo por encima en esa salmodia siempre cantando, generando un nuevo gusto por la vida, donde danza un mito Molinari descabalgando antiguos mitos. Alguien que quiere llegar al otro por los deshechos días entre nubes por el inconmensurable Atlántico, la vuelta de toda huída, un regreso al nido, al Sur. En los mezclados ríos de la sangre, el íntimo corazón de la vida, dice una totalidad en una cosmovisión de unidad. La naturaleza viviente en los sentimientos habita sus largos poemas, odas, construyendo formaciones de sentido y estado de cosas simplificando y expandiendo la complejidad de existencias de los mundos. Un carácter discursivo de expansión romántico, lírico, en todas las dimensiones que nos sacan y nos ponen en otro mundo, estadio. Esa es su conformación maquínica poniendo la nueva noción de escala. Es un ser polifónico infinito reconociendo un haber estado ahí dando el secreto del momento, instante fuera del tiempo, en las distintas velocidades que adquieren sus composiciones. Un drama y friso musical es su espacio de planeta, energía y su ángulo de vista, configuraciones que extrae y actualiza en una infinidad de existencias posibles. En su doble enunciación una finita y la otra infinita incorporal, colmando su campo territorial, voz-palabra, sustancia-esencia. Allí cabalga el poema Molinariano. El que exploró distintas formas de escritura en un avance hacia su expresión. Las odas, las elegías, sonetos. La prosa poética. Siempre siguiendo al zorzal que llama al dulce tiempo y silba transparente para mirar donde el ayer y el hoy se miran las cadenas. Esas cadenas que liberó de su vida y transitó como un esclavo más que se escapó. Su casa siempre fue la poesía y salía
de ella solo para ver y para traer por las noches el material de su escritura.

sábado, 4 de julio de 2020


Pescador. Alice Oswald. Traducción Pablo Queralt.




Otros miles de años
La luna madre de muchos ríos,
Creció joven de nuevo.
Le podría pasar a cualquiera
Cuyo ser se atenúa y ensancha
Como llevado por el viento.


Un hombre por ejemplo,
Sentado muy quieto en su red de huesos,
Sumergido en la vejez hasta los ojos,
Cuando la marea retrocede, sus brazos
Arrastrados a sus lados
tan huecos como cañas.


Otros miles de años,
Cada doce horas,
Cada vena del valle vuelve a llenar su jeringa
Al pensar en la luna:
La hierba del pantano eriza sus pelos
Y los árboles hablan con sombras en sus voces.

Un hombre por ejemplo
Sentado muy quieto en su red de huesos,
Sumergido en la vejez hasta los ojos,
Cuando la marea regresa corre
Persiguiendo el rayo de un salmón.
                                                                       

 Libro Un sonambulismo por el Severn. Ed faber and faber.


miércoles, 1 de julio de 2020


Mary Jo Bang. Extrañas criaturas cantarían canciones. Por Pablo Queralt.




La metáfora es la infancia siempre hacia allí nos remitimos, son nuestras primeras impresiones. El canto de esas criaturas que cuanto más nos alejamos nos son más extrañas o son nosotros mismos. Mira por la oscuridad cada sonido es un pensamiento golpeado por el hacha que derrumba el bosque. Para que se vea aquello primero que nos alucinó, iluminó. Un mundo hecho de almuerzos, cenas, de década en década, un pasar, viendo una película, esa batalla eterna de los lunes, martes ect ect. Imágenes apiladas donde ver los detalles de una vida y no hacer como si. Así abrir el corazón y dejar que el tonto ignorante se vaya. Ya el romance no será un juego para tontos al que nunca jugaste. Donde el corazón domina a la cabeza en todo lo que ve forzando un abismo creciente de estar enamorado, ese es el mar. Obertura? Preludio? Todo es una historia de amor y poder. Esa patria habita Mary Jo. Y si no tenemos más nada para hacer, no dejemos que el día se acabe entremos en sus versos, sus palabras algo nuevo vendrá hacia nosotros. Todavía hay muchas maravillas nos dice. Es su club sumergido en la oscuridad absoluta donde se huye o se busca poder decir la verdad, te amo, no te amo, como viviremos, y que haremos un final de palabras sin peso. Y la cama puede ser una autopista en una vida de camionero o simplemente volver a casa, escribir un guión de fotografías hermosas que están en la mente traduciendo la oscuridad en una ausencia lacerante. O llamar de noche al mono haber si había trepado a la palmera. Abrazarlo y llorar juntos. Esas pesadillas como la muerte que avanza en la imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo. Escenas que progresan, vividas, formadas por subducción en la nada que no se puede ver. Crear un estado de naturaleza, para achicar el pánico, que la vida fuera más fácil. Estamos volando a ciegas, estamos asustados, dice por que sabemos que una imagen nunca puede acostarse con el objeto que representa, ese sexo no puede ser divertido, no al menos en el arte. La vida es una burla, a simple vista somos humanos, lo humano y lo sensible, personajes jugando su juego, resbalando el pasado, la ficción se mueve desde la observación haciendo conciencia. El pie avanza, si, sin embargo hay raíces. Una narrativa poética devorando escenas, un tiro al blanco, constituyendo un territorio existencial, un bestiario de una poesía bestial de los pinguinos, elefantitos, pájaros que comerán cualquier cosa, el tractor anaranjado, el mantel de vinilo, las sillas, todo dando máquina a un flujo mitad-animal, mitad-hombre, mitad-objeto, constituyendo un territorio existencial. Los ojos se animalizan, son bestiales formas de captar la historia hacer la crónica, el izquierdo más preciso que el derecho, se personalizan, adquieren esas dimensiones.  El terror al próximo paso, un avanzar en el susurro, el altavoz, cuyo punto de inflexión es la adquisición de conciencia donde ya el reloj no avanza en un solo sentido, del que todo lo ha tocado, y es el viaje al fuera de tiempo-espacio,  lo brillante de la noche la distancia. Hacia allá vamos buscando su partitura en el fondo de esa profundidad sin fondo. El yo que une a uno mismo? Eso es vivir? Hacer conciencia y que no sea tarde para que nos demos cuenta, de lo que podría haber sido una casa.



El claroscuro del pinguino. Mary Jo Bang. kriller71ediciones. Traducción Patricio Grinberg y Aníbal Cristobo.